En el mundo no estamos ni estaremos exentos de pandemias (presencia global
de casos) y epidemias (aumento marcado de casos) por virus. Ya en las últimas
décadas hemos tenido dos grandes epidemias producidas por los virus causantes
del Zika y el Chickunguña, ambos trasmitidos por el mosquito Aedes aegypti, el mismo transmisor de
los virus del Dengue. Actualmente cursamos con la tercera, o probablemente la
cuarta, epidemia conocida de infección humana causada por un coronavirus, virus
causantes de enfermedades respiratorias que no son nuevos en el mundo. En 1965
se reportó el primer aislamiento de un coronavirus produciendo resfriado común
en los Estados Unidos y, posteriormente, causado brotes de enfermedad
respiratoria en el mismo país (1). Lo diferente es que ahora tenemos acceso
rápido a la información, grandes bases de datos y sobre todo a las redes
sociales.
El primer reporte de un brote por coronavirus fue el SARS (virus del síndrome
respiratorio severo) en el 2002 proveniente de la China. Se produjeron más de 8
mil casos, la mayoría en China y con una mortalidad cerca del 10%. El virus se
cree fue trasmitido al humano por un mamífero (Civet cat) (2). El segundo caso en el 2012 fue el MERS (síndrome
respiratorio del Medio Oriente), proveniente de Arabia Saudita probablemente transmitido
por camellos; se produjeron 1,360 casos en todo el mundo con una
mortalidad cercana al 40%, la mayoría en el Medio Oriente (3). Hoy tenemos una
tercera epidemia a punto de convertirse en pandemia, el coronavirus denominado
COVID-19 (también conocido como n-CoV o SARS-2) proveniente de la provincia de
Wuhan en China y trasmitido a los humanos probablemente por animales. La
secuencia del genoma del virus aislado de pacientes es parecida a un virus de murciélagos,
pero se especula que pudo provenir de murciélagos, serpientes o pangolines. Ya
para la fecha, febrero de 2020, hay más de 80 mil casos en 36 países, con
una mortalidad mayor al 3% (4). Ante la inminente globalización de la
infección, ha estallado una especie de pánico mediático. Aunque existen muchos
ángulos del tema para ser tratados, entre los que pueden estar el agente
infeccioso, la comunidad y los servicios de salud, hay dos aspectos fundamentales
que son para plantear: la participación ciudadana y los sistemas de información
estatales.
Los ciudadanos participamos con los cuidados que se deben tener en caso de un
virus trasmitido por contacto aéreo y probamente por vía oral, como el caso del
COVID-19. Ya se han tenido experiencias
similares recientes, como el caso de la epidemia del virus de influenza H1N1 en
el 2009, agente para el cual afortunadamente contamos con vacuna. Los cuadros
respiratorios producidos por influenza son estacionales en los países no
tropicales; no obstante, como digo coloquialmente en clase, en Bogotá la transmisión
del virus influenza es estacional: en las estaciones de Transmilenio. Esto para
indicar que no se tiene cuidado con el estornudo, ya que se hace de forma
abierta, sin protección, contaminando así a otras personas en caso de tener una
infección respiratoria. Esto sin comentar otras medidas de protección para
evitar la diseminación de los virus respiratorios. Hace
algunos años se realizó una encuesta entre trabajadores de la salud de todo el
mundo. El propósito era conocer cuales eran las medidas de salud pública más
importantes que ayuden a combatir enfermedades infecciosas ¿Adivinen cuál fue
la ganadora? La más simple y práctica de todas: el lavado de manos. Pero basta
fijarse qué sucede cuando se entra a un
baño público para para ver lo que pasa o, mejor, lo que no pasa. Benditos
hábitos higiénicos. En síntesis, la participación personal y comunitaria es un factor
preponderante en el control de la diseminación de las infecciones.
Con
respecto al tema institucional, me referiré al ente encargado de la recolección
y manejo de la información en salud para Colombia: el Instituto Nacional de Salud
(INS), dependencia del Ministerio de Salud y Protección Social. En los Estados Unidos
existe más de una institución para el manejo de la salud: el NIH (National Institute of Health), la
agencia de investigación médica; el CDC (Centers
for Disease Control and Prevention), encargada de salud pública, incluyendo
infecciones; el FDA (Food and Drug Administration) quienes certifican
entre otras cosas las pruebas de laboratorio y el CMS (Centers for Medicare & Medicaid Services) que se encarga de la
validación de las pruebas de diagnostico de laboratorio. Todas estas funciones en Colombia casi en su totalidad las cumple el INS, exceptuando
alguna realizada por el INVIMA. Lamentablemente el INS ha sufrido un continuo y
progresivo recorte presupuestal y en su capacidad operativa. La importancia de
esta institución es vital en eventos como los que vivimos actualmente. Los invito a visitar su página en internet (www.ins.gov.co)
para obtener información directa y de primera mano. Los sistemas de información
de salud son la columna central en la planeación de la salud de una población,
lo mismo que para el desarrollo de programas de prevención y promoción; por lo tanto,
hay que bogar públicamente por la sostenibilidad por las entidades encargadas
de sistematizarla y presentarla.
Derechos reservados al autor.
Referencias
1. Cultivation of a Novel Type of Common-cold Virus in
Organ Cultures. D. A. J. Tyrrell and M. L. Bynoe. Br Med J. 1965 Jun 5;
1(5448): 1467–1470.