La diseminación de la infección por el coronavirus
SARS-CoV-2 parece en “déjà vu” de lo
ocurrido al inicio de la década de los 80´s con la epidemia del virus de la
inmunodeficiencia humana (VIH), causante del síndrome de inmunodeficiencia
adquirida (SIDA). Las similitudes de las especulaciones su origen, que fue generado
en un laboratorio o que paso de ciertos animales al humano. De nuevo, la teoría
de conspiración de la creación del virus por un gobierno que tenía lista la vacuna,
los medicamentos y las pruebas diagnósticas lo cual lo favorecería
económicamente. Las acusaciones entre los países, la guerra del espionaje
científico, y el afán por las publicaciones y las patentes. En la serie “Ángeles
en América” de la productora norteamericana HBO, basado en el libro homónimo de
Anthony Kushner, aborda la epidemia de SIDA y las dificultades iniciales con la
extraña enfermedad y su tratamiento; allí los ángeles descienden a acompañar
los caracteres protagónicos. Uno de los capítulos se enfoca es el tratamiento
de los pacientes con SIDA, donde se aplica una terapia experimental que elimina
los linfocitos T ayudadores, células que infecta el virus del VIH. No obstante,
la eliminación de estos linfocitos que también participa la inmunidad contra
las infecciones, empeora los individuos hasta llevarlos a la muerte. Con la
epidemia de coronavirus se han repetidos hechos similares, ante la ansiedad de buscar
una terapia específica, usando un amplio arsenal de medicamentos como
antivirales, interferones y corticoesteroides, además otras drogas de uso en
enfermedades parasitarias. Muchos de ellos sin resultados realmente beneficioso
para los pacientes. Repetimos la
historia porque la historia se repite. Y mientras desciendan los ángeles a
protegernos, debemos seguir cuidándonos como comunidad mientras de desarrolle
el tratamiento específico o la vacuna.
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