sábado, 11 de marzo de 2023

Estamos en una temporada de virus respiratorios. ¿Cuáles son las implicaciones?

Publicado en El Espectador 17-12-2022

Los factores ambientales han jugado un papel importante en este proceso, en el que han crecido las infecciones virales respiratorias.

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Pareciera que, como si de un momento a otro, se hubiera abierto una caja de Pandora microbiológica que nos ha enfrentado a diferentes virus causantes de enfermedad respiratoria. ¿Qué ha sucedido? 

Nos encontramos en la actualidad enfrentados a una exposición continua a diferentes virus causantes de enfermedad respiratoria. Pareciera que, como si de un momento a otro, se hubiera abierto una caja de Pandora microbiológica, liberando estos agentes infecciosos que han incrementado el número de casos, los cuadros severos y las hospitalizaciones en niños y adultos. Pero, ¿cuáles son los factores que han llevado a esta larga temporada de virus respiratorios? ¿Cuáles son las implicaciones de las infecciones virales respiratorias continuas? 

Los factores ambientales han jugado un papel importante en este proceso. Por algunas de las medidas tomadas durante la pandemia por covid-19 se disminuyó la exposición a virus respiratorios, especialmente en infantes. Inclusive, existían patrones de infecciones virales asociados a la edad y estacionalidad, algo que no se ve tan claro actualmente. Todos estos virus han salido en conjunto cambiando el perfil epidemiológico de las infecciones respiratorias, por lo que no es raro ver tres o cuatro virus distintos produciendo infección en una misma persona.

Frente a las infecciones, la inmunidad funciona como un sistema de expansión y contracción donde aumenta marcadamente el número de células de defensa específicas contra un microorganismo, y cuando lo controla o lo elimina, estas células disminuyen drásticamente, pero guardan memoria del encuentro con el agente infeccioso para defendernos de futuras infecciones. Es así como un ataque microbiano múltiple puede comprometer la capacidad para defendernos, disminuyendo la fuerza y la calidad de esta respuesta inmune.

También es importante tener en cuenta que la falta de contacto entre personas limita la diversidad del microbioma humano, ese grupo de microorganismos que nos acompañan y mantienen funciones en el cuerpo como el nivel de inmunidad. La pérdida de diversidad en el microbioma está asociada a las manifestaciones de algunas enfermedades infecciosas y no infecciosas. No obstante, los factores ambientales, especialmente en esta época de lluvias y climas fríos, contribuyen a mayor exposición y susceptibilidad a las infecciones respiratorias. Solo pensemos en las aglomeraciones y sitios cerrados con ausencia de ventilación, donde una sola persona dispersando un virus mediante el estornudo o la tos puede contagiar a muchos.

La genética de las personas es uno de los factores implicados en la resistencia o la susceptibilidad cuando nos infectamos con un microorganismo; por ejemplo, en una comunidad, dependiendo del tipo de agente infeccioso, se pueden presentar síntomas solo en la mitad de la población, o sea, el restante 50% son asintomáticos. De los individuos que presentan síntomas, algunos tendrán enfermedad de leve a moderada con manejo que puede ser ambulatorio, y un menor porcentaje presentarán enfermedad severa que puede llevar a complicaciones con la necesidad de tratamiento hospitalario y, algo lamentable, un porcentaje de estos fallecerán.

Otro factor es el agente infeccioso por sí mismo. Sería inimaginable una pandemia de covid-19 que, en lugar de empezar con el virus original de Wuhan, hubiera comenzado con una variante como Ómicron y sus derivados. Esta variante del virus se transmite más fácil, tiene un periodo de incubación más corto y probablemente es un virus más agresivo para los humanos. Pero, ¿cuáles son las razones para que no tuviéramos más casos severos y fallecimientos por Ómicron? La respuesta es sencilla: vacunación e infecciones naturales, que permitieron generar inmunidad para que el Covid-19 actual sea algo más benévolo.

Aunque no tenemos la posibilidad de controlar algunos de estos factores mencionados, como por ejemplo los virus y sus variantes, sí contamos con estrategias para ayudar a mitigar o controlar factores ambientales y dependientes del individuo. Y en este momento caótico de infecciones respiratorio, mientras regresamos a ese “equilibrio”, se pueden tomar algunas precauciones. Las infecciones respiratorias a repetición pueden alterar los mecanismos de defensa natural y comprometer las células de la vía respiratoria que nos harían más susceptible a infecciones más comprometedoras como las bacterias causantes de neumonía. Solo contamos con vacunas para algunos de estos agentes infecciosos, por lo que los esquemas de vacunación a nivel individual deben ser revisados y actualizados. Pero, definitivamente, lo que deberíamos haber aprendido con la pandemia son las normas de cuidado individual, las cuales nos evitarían un contacto tan seguido con virus que puedan comprometer la integridad del sistema respiratorio debido al ataque continuo.

 

Las enfermedades que olvidamos en Colombia

 Publicado en El Espectador 09-08-202

El insecto Triatoma infestans, que transmite el parásito que causa la enfermedad del chagas.

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Por muchos años, los centros de investigación en medicina tropical, principalmente enfermedades infecciosas, se localizaban de forma exclusiva en países donde no se transmitían estas enfermedades de forma natural; instituciones que reflejaban el patrón de colonialismo en el mundo. Investigadores de América Latina, el Sudeste Asiático y África colaboramos con los llamados países desarrollados en la investigación de enfermedades presentes en aquellos continentes. Con años continuos de trabajo, pasamos de ser investigadores de campo que enviamos muestras a otros países a ser pares investigadores o a desarrollar nuestra propia investigación de forma independiente

Un grupo de estas enfermedades infecciosas investigadas se conoce en inglés como “neglected tropical diseases”, que en una mala traducción al español sería enfermedades tropicales “descuidadas”, pero que en realidad se conocen como olvidadas. Este grupo de enfermedades tropicales olvidadas incluye infecciones producidas por bacterias como tuberculosis, virus como el dengue y parásitos como malaria, pero en total son una veintena de enfermedades, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), las cuales causan graves problemas sociales y económicos en países tropicales y subtropicales. 

Muchas son trasmitidas por mosquitos y asociadas a condiciones como desnutrición, disponibilidad de agua o desagüe. Se llaman olvidadas porque son de países pobres, cuyo tratamiento no representa un interés o mercado para muchas compañías farmacéuticas e inclusive para algunas de ellas no se producen nuevos medicamentos en casi medio siglo. Algunas han sido privilegiadas en su financiación para su investigación como la malaria, debido en gran medida al interés particular de algunos gobiernos, organizaciones filantrópicas, organizaciones no gubernamentales en conjunto con universidades. Pero otras no tanto así.

Una de estas es la enfermedad de Chagas, cuyo nombre ya cogería de sorpresa algunas personas. Esta es una enfermedad parasitaria trasmitida en la mayor parte nuestro país por debajo de los 1,800 metros sobre el nivel del mar, y cuyo agente se adquiere a través de las heces de un insecto conocido en Colombia como pito. Muy frecuentemente esta enfermedad pasa desapercibida, no solo por su desconocimiento como tal sino, también, porque los síntomas se pueden confundir con otras enfermedades febriles propias del trópico, por la falta de programas específicos y el marcado subregistro de casos. La geografía de la enfermedad en el continente americano va desde el sur de los Estados Unidos hasta Argentina; sin embargo, a pesar del esfuerzo de investigadores por el reconocimiento de la enfermedad, el impacto fue mayor cuando se identificó la enfermedad en otros países donde no se transmite, específicamente en países de Europa y en Norte América debido a la migración de personas infectadas. Inclusive en Europa hay organizaciones de pacientes por ciudades o regiones.

Silenciosamente, en una cuarta parte de las personas infectadas se produce un daño cardiaco progresivo e incapacitante, con una alta mortalidad e impacto en el sistema de salud, esto a pesar de ser una enfermedad que podría ser diagnosticada y tratada muy tempranamente de forma específica. Una de las medidas realizadas en Colombia para su control, es la prueba de Chagas realizada en donantes de banco de sangre, pero el diagnóstico en general es tardío con pacientes francamente comprometidos cuya única solución sería un trasplante cardiaco.

Por casi 20 años, con un grupo interdisciplinario hemos estudiado algunos aspectos de la enfermedad de Chagas como la biología del parásito y la respuesta inmune, trabajo generalmente frustrante y no por la falta de resultados, sino por falta de interés en su financiación por parte de entidades nacionales y algunas internacionales. Hace algunos años presentamos un proyecto al famoso fondo de regalías transferidas a los departamentos por la explotación de petróleo, los que eran dependientes de agremiaciones regionales que concurrían a los conocidos como Órganos Colegiados de Administración y Decisión (OCAD).

El proyecto presentado entonces, contemplada desde el diagnóstico, la prevalencia de la enfermedad, estudios de insectos e inclusive arquitectónicos, ya que los insectos que los trasmiten viven en grietas y techos de las casas. Escogimos para presentarlo formalmente a un departamento cuyo programa de gobierno indican que era prioridad este tipo de enfermedades. Pues bien, después de un trabajo serio y mancomunado nos llegó la evaluación técnica donde indicaron que no era proyecto pertinente. Evaluación realizada en una página con casillas de chequeo donde no aplicaban cuatro de los cinco parámetros evaluados. Este es solo un ejemplo que puede ser refrendado por muchos académicos e investigadores en otras áreas de trabajo.

Ahora entramos a un cambio de gobierno nacional, donde esperamos que desde los ministerios de Educación, Ciencias y Salud se de relevancia a las enfermades olvidadas con el fin de aumentar su conocimiento y visibilidad en los programas formativos en salud, con investigaciones en todo un amplio espectro lo que conlleve a mejores formas de prevención de la enfermedad y atención de pacientes.

Carlos Chagas fue el medico brasileño que describió la enfermedad hace más de un siglo. Mientras sus colegas ganaban el Premio Nobel de Medicina por sus trabajos en algún aspecto específico de otras enfermedades parasitaras, el doctor Chagas nunca lo obtuvo. Fue olvidado como lo está siendo la enfermedad.

 

 

La amenaza del polio: no puede haber pretexto para no estar vacunado

 

Publicado en El Espectador 8-08-2022 

El 22 de enero de 2019, Nasreeen Aslam, una trabajadora de la salud, vacuna a Ahmad Hassan, de 1 año, contra la poliomielitis en la puerta de su casa durante el Día Nacional de Inmunización (NID) contra la poliomielitis en la provincia de Lahore Punjab, Pakistán.

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Recientemente fue diagnosticado un caso de poliomielitis en Estados Unidos en una persona sin antecedes de viaje, lo que sugiere que el caso es nativo. También se detectó la presencia del virus de la polio salvaje en agua de drenaje en Nueva York, Londres e Israel. ¿Qué dicen los científicos sobre la vacuna?

“Mi agüita amarilla”, una popular canción a finales de la década de 1980, de la agrupación española Los Toreros Muertos, cuenta la historia de la dispersión líquida que sale de un cuerpo humano, después de una noche de cervezas; empieza en el baño, llega a los drenajes y se distribuye por los canales de agua. Luego, la beben las personas, los animales y riega el campo. Aunque la letra de la canción parecería un poco atrevida, en realidad esto sucede y es la forma como potencialmente se dispersaba el virus de la vacuna de la poliomielitis oral. Esta infección viral, o simplemente polio, puede pasar desapercibida en la mayoría de las personas, pero puede producir una alteración muscular llevando a la muerte por parálisis del diafragma o parálisis de los miembros inferiores.

Existen dos tipos de vacunas contra el virus de la polio: una, de virus inactivado o muerto que se aplica de forma intramuscular, y otra, de virus vivo atenuado que se administra por vía oral. Esto último significa que el virus se ha cultivado en un laboratorio y se le han eliminado los factores que los vuelven agresivos o de virulencia; luego se prueban los lotes de vacuna en animales para demostrar que es inocua, y así ser distribuida para uso en humanos.

El virus de polio proviene de una familia que se denomina enterovirus, lo que quiere decir que el virus se replica en el intestino humano. Es allí, en el intestino, donde se generan los mecanismos de protección inmune locales que nos ayudan a proteger de agentes infecciosos que entran por vía mucosas. Al ser el virus de la vacuna un agente vivo, este se replica en el intestino humano y sale por materia fecal, y así continuará su distribución en la naturaleza usando los sistemas de agua y competiendo con el virus de polio salvaje que causa la enfermedad. Esta es una de las mejores estrategias de vacunación porque se administra por gotas orales y no por inyección, explota los mecanismos de inmunidad local, la vacuna se distribuye en el ambiente y compite con el virus salvaje. Pero esta vacuna de polio oral no se ha vuelto a usar, ¿y cuál es la razón? Los virus que son atenuados pueden potencialmente revertir al tipo agresivo y causar enfermedad, por lo tanto, se usa actualmente la vacuna de virus muerto.

La poliomielitis es una de las enfermedades que se esperaba estar controlada para el siglo XXI debido a su gravedad; no obstante, no ha sido posible. ¿Cuáles han sido las causas? Existen diferentes variables, desde sociales hasta políticas. La captura de un famoso líder terrorista se llevó a cabo con espías que se hacían pasar por vacunadores, los cuales podían entrar de casa a casa. Tras este hecho, hubo retaliación en algunos países cultural y religiosamente conectados en contra los vacunadores, por lo que suspendió el uso de vacunas en algunos de estos, incluyendo la vacuna del polio. Esto llevó a brotes de poliomielitis en Pakistán y algunos países de África.

También por la pandemia del covid-19 se ha presentado una disminución en los índices de vacunación de los niños, si bien la reducción de la vacunación de polio podría tener consecuencias más devastadoras comparadas con otras enfermedades prevenibles. Para 2020 la Organización Mundial de la Salud (OMS) había declarado a la mayoría de países libres de la circulación del virus de polio salvaje, con excepción de Pakistán y Afganistán. Sumado a esto, recientemente fue diagnosticado un caso de poliomielitis en los Estados Unidos en una persona sin antecedes de viaje, lo que sugiere que el caso es nativo. Al mismo tiempo se ha detectado la presencia del virus de la polio salvaje en agua de drenaje en Nueva York, Londres e Israel.

A sus 39 años, Franklin D. Roosevelt, futuro presidente de los Estados Unidos, quedó paralizado por poliomielitis. Por años usó la terapia acuática para ayudar con su recuperación, y nunca dejó de realizar actividades a pesar de no poder valerse por sí mismo. Roosevelt murió en 1945 sin poder conocer una década más tarde sobre el desarrollo de la vacuna norteamericana contra el polio, para la cual ayudó a recaudar fondos con La Marcha de las Monedas*.

Lo cierto es que existe vacuna contra el polio y hace parte de los programas de inmunización en el mundo. Ante la posibilidad de la diseminación del virus, solo hay que revisar los esquemas de vacunación individuales. No puede haber pretexto para no estar vacunado o no querer vacunarse contra esta enfermedad.