En febrero de 2015, la prestigiosa revista Science publicó un artículo sobre la experiencia investigativa de
pregrado en los Estados Unidos. El estudio fue realizado por investigadores del
centro de Tecnología para el Mejoramiento de Aprendizaje de la Ciencias (TELS) de
la Universidad de California en Berkeley. En él se analizan las publicaciones
científicas que documentan el tema, y se trataron de responder algunas preguntas
como: ¿Qué es una experiencia autentica de investigación? y ¿Cómo se beneficia
el estudiante de pregrado de estas experiencias?, entre otras preguntas. Aunque
los resultados no son conclusivos, el estudio demuestra la falta de
consistencia en definir cuales son las verdaderas experiencias en investigación
en pregrado y cómo los resultados obtenidos no son evaluados directamente a través de productos de
investigación como presentaciones y reportes finales. Una buena parte de las
conclusiones se centran en las recomendaciones
sobre la tutoría la cual debería ser asumida por un profesor de planta con experiencia
en investigación que ayude a desarrollar una “identidad científica” en el
estudiante. Igualmente se indica, como ya sabemos, que la investigación en el
pregrado consume mucho tiempo, dinero y esfuerzo. Digo sabemos porque desde
hace diez años me dedico a la
investigación biomédica con estudiantes de pregrado de medicina. Esta
decisión fue el resultado de no contar con programas de maestría y doctorados
para médicos, y la falta de interés de desarrollo de dichos programas como un M.D.
PhD. Si en Estados Unidos no se tiene una idea clara sobre el impacto de la
investigación de pregrado, mucho menos lo sabremos en Colombia, y aún menos en el área médica.
De regreso al país, después de quince años de mi graduación, creí
que la visión hacia la investigación básica médica en las escuelas de medicina
colombiana había cambiado. La razón, por
décadas y gracias a los esfuerzos titánicos
e independientes de algunos investigadores
colombianos, no solo se despertó el interés por la investigación en la
comunidad universitaria, también se
preparó capital humano y se puso a Colombia en los indicadores mundiales de la
ciencia y la tecnología. Pues bien, la experiencia me mostró que estaba
equivocado. Todavía vemos la investigación en medicina como algo raro y sin
mayor aporte a la formación profesional.
El reclutamiento de los primeros estudiantes de medicina para
trabajar en el laboratorio tuvo algo de mezcla entre lobby y chantaje, pero se
logró. El entusiasmo y el avance en los resultados atrajeron más estudiantes, ya
para este momento de forma espontánea, los cuales fueron aumentado año tras año
hasta rebosar la capacidad. Pero esto no es gratis ni para el mentor ni para los estudiantes. Tener
estudiantes de pregrado en proyectos de
investigación no da puntos ni categoría en agencias financiadoras o en los
escalafones científicos y académicos. No tener tesis de maestría dirigidas lo vuelve
investigador junior, pero publicar con estudiantes de pregrado en revistas
indexadas no lo hace investigador sénior. De todas maneras la evidencia y las
métricas están ahí para que sean juzgadas por el medio científico mundial.
Pese a todo, las dudas asedian a los estudiantes ¿por qué trabajar
en un laboratorio o hacer ciencias básicas médica? Esto no se debe solamente a
la falta de modelos, sino el
reforzamiento negativo de compañeros, familiares y alguno que otro profesor: “usted
para qué va a un laboratorio si va a ver pacientes”; “más bien hubiera
estudiado bacteriología o microbiología” o “fue que ya definió su futuro profesional”. Nada más alejado de la realidad. Olvidan que el
trabajo de investigación además de ganar competencias, por ejemplo en la realización
e interpretación de pruebas de laboratorio, permite aprender acerca de la
formulación de preguntas, el diseño de experimentos, la recolección, análisis e
interpretación de datos, la comunicación oral y la escritura científica. Todo
esto permite generar esa “identidad científica” sin importar el área de
desempeño futuro, ya sea en especialidades clínicas, salud pública, entre otras.
Esta forma de pensamiento contrasta con las nuevas tendencias de formación medica en algunos países. La
escuela de medicina de la Universidad de Tulane abrirá un programa solo para
personas con PhD, no importa en qué área haya obtenido el doctorado, ya sea desde
la filosofía, pasando por música o biología. Los aceptados obviamente tendrán programas dirigidos, pero la duración
para para obtener el título de MD será 3 años. El objetivo, generar diversidad y nuevas
formas de pensamiento a la carrera de medicina y el ejercicio de la profesión médica
cuyo beneficiario final con los avances originados
serán los seres humanos.
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