jueves, 19 de febrero de 2015

¿Investigación en el pregrado médico?

En febrero de 2015, la prestigiosa revista Science publicó un artículo sobre la experiencia investigativa de pregrado en los Estados Unidos. El estudio fue realizado por investigadores del centro de Tecnología para el Mejoramiento de Aprendizaje de la Ciencias (TELS) de la Universidad de California en Berkeley. En él se analizan las publicaciones científicas que documentan el tema, y se trataron de responder algunas preguntas como: ¿Qué es una experiencia autentica de investigación? y ¿Cómo se beneficia el estudiante de pregrado de estas experiencias?, entre otras preguntas. Aunque los resultados no son conclusivos, el estudio demuestra la falta de consistencia en definir cuales son las verdaderas experiencias en investigación en pregrado y cómo los resultados obtenidos no son evaluados  directamente a través de productos de investigación como presentaciones y reportes finales. Una buena parte de las conclusiones se centran en  las recomendaciones sobre la tutoría la cual debería ser asumida por un profesor de planta con experiencia en investigación que  ayude  a desarrollar una “identidad científica” en el estudiante.  Igualmente  se indica, como  ya sabemos, que la investigación en el pregrado consume mucho tiempo, dinero y esfuerzo. Digo sabemos porque desde hace diez años me dedico a la  investigación biomédica con estudiantes de pregrado de medicina. Esta decisión fue el resultado de no contar con programas de maestría y doctorados para médicos, y la falta de interés de desarrollo de dichos programas como un M.D. PhD. Si en Estados Unidos no se tiene una idea clara sobre el impacto de la investigación de pregrado, mucho menos lo sabremos en Colombia, y  aún menos en el área médica.

De regreso al país, después de quince años de mi graduación, creí que la visión hacia la investigación básica médica en las escuelas de medicina colombiana había cambiado.  La razón, por décadas y  gracias a los esfuerzos titánicos e independientes  de algunos investigadores colombianos, no solo se despertó el interés por la investigación en la comunidad  universitaria, también se preparó capital humano y se puso a Colombia en los indicadores mundiales de la ciencia y la tecnología. Pues bien, la experiencia me mostró que estaba equivocado. Todavía vemos la investigación en medicina como algo raro y sin mayor aporte a la formación profesional.

El reclutamiento de los primeros estudiantes de medicina para trabajar en el laboratorio tuvo algo de mezcla entre lobby y chantaje, pero se logró. El entusiasmo y el avance en los resultados atrajeron más estudiantes, ya para este momento de forma espontánea, los cuales fueron aumentado año tras año hasta rebosar la capacidad. Pero esto no es gratis ni  para el mentor ni para los estudiantes. Tener estudiantes  de pregrado en proyectos de investigación no da puntos ni categoría en agencias financiadoras o en los escalafones científicos y académicos. No tener tesis de maestría dirigidas lo vuelve investigador junior, pero publicar con estudiantes de pregrado en revistas indexadas no lo hace investigador sénior. De todas maneras la evidencia y las métricas están ahí para que sean juzgadas por el medio científico mundial.

Pese a todo, las dudas asedian a los estudiantes ¿por qué trabajar en un laboratorio o hacer ciencias básicas médica? Esto no se debe solamente a la falta de modelos,  sino el reforzamiento negativo de compañeros, familiares y alguno que otro profesor: “usted para qué va a un laboratorio si va a ver pacientes”; “más bien hubiera estudiado bacteriología o microbiología” o “fue que  ya definió su futuro profesional”.  Nada más alejado de la realidad. Olvidan que el trabajo de investigación además de ganar competencias, por ejemplo en la realización e interpretación de pruebas de laboratorio, permite aprender acerca de la formulación de preguntas, el diseño de experimentos, la recolección, análisis e interpretación de datos, la comunicación oral y la escritura científica. Todo esto permite generar esa “identidad científica” sin importar el área de desempeño futuro, ya sea en especialidades clínicas, salud pública, entre otras.

Esta forma de pensamiento contrasta con las nuevas tendencias  de formación medica en algunos países. La escuela de medicina de la Universidad de Tulane abrirá un programa solo para personas con PhD, no importa en qué área haya obtenido el doctorado, ya sea desde la filosofía, pasando por música o biología. Los aceptados obviamente  tendrán programas dirigidos, pero la duración para para obtener el título de MD será 3 años.  El objetivo, generar diversidad y nuevas formas de pensamiento a la carrera de medicina y el ejercicio de la profesión médica cuyo beneficiario final con los avances  originados serán los seres humanos.

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viernes, 6 de febrero de 2015

Del tigre, la Fiebre Quiebra-huesos y otros cuentos


En Colombia estamos acostumbramos a vivir con algunas enfermedades tropicales como parte de nuestro paisaje cultural. Por eso, usualmente, oímos  en conversaciones que “julanito” o “perencejito”  ha sufrido de Dengue  o “Fiebre Quiebra-huesos” en una o más ocasiones. Usualmente sólo saltan las alarmas cuando en un noticiero se menciona que los casos de Dengue han subido más de lo “normal”. Entonces, por decreto, se prohíbe perentoriamente llevar flores a los que descansan en paz o bien, si el gobernante de turno está en campaña, sacan los antiguos carros de fumigación o los tanques fumigadores que se cargan en la espalda, para demostrar los avances en la prevención de las enfermedades transmitidas por mosquitos.

El virus del Dengue, que son cuatro tipos, en América Latina es transmitido por la hembra de Aedes aegypti, mosquitos que lo reconocemos por su aspecto “atigrado”. La hembra deposita sus huevos en aguas estancadas, éstos huevos pueden adherirse a las paredes de los recipientes en ausencia de liquido y sobrevivir esperando pacientemente la próxima lluvia. Pero el virus del Dengue no solo infecta la mosquita madre, ésta le pasa la infección a su descendencia. De tal forma que después de la temporada seca, ante un asomo de lluvia, emergen nuevas mosquitas infectadas. Digamos que es un ciclo normal y que estamos acostumbrados a éste. Sin embargo, no podemos olvidar que esta mosquita puede transmitir otra enfermedad grave, el virus de la Fiebre Amarilla.

Pero hoy contamos con otro mosquito en escena, más agresivo, el denominado “tigre Asiático” o Aedes albopictus, eficiente transmisor del Dengue en Asia. Llegó indocumentado en aguas estancadas dentro de llantas de segunda importadas. Hizo su entrada triunfal a nuestro continente y rápidamente colonizó desde Argentina hasta Florida, además  de otros lugares en el sur de Estados Unidos. Además del Dengue, este mosquito transmite otros agentes como el virus del Nilo Occidental, el virus de Encefalitis Equina y el recién estrenado en  tierras colombianas, el virus Chikunguña.

Nuestro nuevo agente de Fiebre Quiebra-huesos llegó en 2013 por las islas francesas del Caribe. Rápidamente se diseminó  por todo el continente, donde los Aedes reinan. Nos dijeron que era como un Dengue, pero que no se complicaba tanto, más bien una enfermedad leve.  El número de casos en el país es desconocido y las cifras oficiales inexactas. La palabra y el virus Chikunguña son originarios de África, significa hombre doblado o encorvando en un dialecto de la lengua Bantú hablado en África central; esto debido al dolor articular y  muscular  que produce la infección.

Ya como usuario de esta virosis, puedo mencionar que no me dejó parar de la cama en siete días seguidos. Pero gracias a que pude pasar algo de bocado, el cuadro clínico y las consecuencias  no fueron más catastróficas. Esta infección viral también llamada “artritis epidémica”, además del cuadro agudo puede producir incapacidad crónica de meses hasta años. Estudios en pacientes convalecientes de Chikunguña  indican que hay presencia de dolores musculares y articulares hasta por tres años después de la infección aguda, y en más del 50% de los individuos. No se conocen predictores de la cronicidad de la enfermedad, pero lo mismo que la mortalidad del virus, se asocia con la edad avanzada y eventualmente con tener o haber tenido algún tipo de enfermedad articular.

El tigre si es como lo pintan y la enfermedad no es como no la pintaron. Mientras tanto cuidémonos de forma individual y colectiva, porque este no será el único virus foráneo que llegue. Tenemos otros en lista de espera como el virus Zika, que igualmente transmite los Aedes, que  estará por llegar  o que tal vez ya está circulando en el país.

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