viernes, 12 de enero de 2018

Desparasítame


Una de las consultas más frecuentes durante las vacaciones es: ¿Mira, con qué me desparasito? hace un año que no lo hago…Pregunta a la cual se debería responder ¿Y qué tipo de parásitos le encontraron en el exámen de materia fecal? Claramente no se obtiene respuesta porque la costumbre es tomar medicamentos antiparasitarios de acción intestinal contra cosas que probablemente ni tengamos. 
 
Los parásitos intestinales deben ser diagnosticados mediante el exámen coproscópico, el cual tampoco es 100% efectivo en el diagnóstico.  Las razones: usualmente es una sola toma de muestra; visualizar parásitos en materia fecal es supremamente difícil, especialmente si hay escasa formas. Y es que las formas del parásito (huevos o larvas) no salen de forma continua, pero se suma a lo anterior que en el laboratorio se utiliza un solo tipo de coloración, lo que no es útil para detectar todos los tipos de parásitos que infectan los humanos.  Por eso es muy común ver en los reportes de los exámenes coproscópicos la frase: No Parásitos Intestinales o su abreviatura NPI. Los parásitos intestinales pueden producir enfermedades, algunas de ellas con graves consecuencias que, además de los cuadros de diarrea, puede llevar a la desnutrición, anemia y alteraciones del crecimiento o la muerte por complicaciones de las infecciones per se. Sin embargo, tenemos parásitos intestinales, contradiciendo su definición, que pueden ser benéficos y algunos de ellos los podemos considerar parte normal de la microbiota digestiva, la cual nos permite poder tener una homeóstasis de la mucosa intestinal. Se ha demostrado que algunos de estos parásitos interactúan directamente con bacterias intestinales, de tal forma que si uno toma antibióticos de forma indiscriminada no solo altera la composición bacteriana del intestino, sino que también altera los parásitos; y si uno toma antiparasitarios mata igualmente las bacterias que interactúan con estos. Los parásitos intestinales que infectan humanos pueden ser divididos en dos grandes grupos: los protozoarios, unicelulares y microscopios, que causan enfermedades como la amebiasis; y los helmintos o gusanos redondos, que pueden ser grandes, hasta de varios centímetros, como las famosas lombrices intestinales. Obviamente le tenemos el pavor de contraer algunas de estos parásitos y que por ello enfermemos, lo cual puede ser posible al comer alimentos o tomar aguas contaminadas con las formas infectivas del parásito; algunos entran por la piel cuando se camina descalzo por zonas tropicales y húmedas.  Es por eso, que una gran cantidad de personas apenas llegan del paseo rural o selvático de una se “tratan” o purgan en una sola toma con el denominado “matrimonio” conformado por un par de famosos anti-parasitarios. Tomarse dichos medicamentos en ese periodo tan reciente no significa nada, puesto que las formas del parásito que son atacados por los medicamentos probablemente aún no se han producido, o ni siquiera se infectaran con algún parasito intestinal. Al contrario, está contribuyendo al deterioro de la microbiota intestinal y el abuso de los medicamentos crea resistencia de los parásitos a los mismos. Y como digo coloquialmente: no todo lo que duela en la barriga son parásitos y no todos los parásitos sucumben al tratamiento con el mismo medicamento.

A pesar de la parasitofobia diseminada, los parásitos intestinales que infectan humanos están siendo estudiados como tratamiento de enfermedades alérgicas, inflamatorias crónicas y autoinmunes. Así que no sería raro que en algunos años estaremos comiendo huevos de parásitos para tratarnos algunos de estos males.  Eso si, esperamos que estén bien lavaditos.

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