Una de las consultas más frecuentes durante las vacaciones es:
¿Mira, con qué me desparasito? hace un año que no lo hago…Pregunta a la cual se
debería responder ¿Y qué tipo de parásitos le encontraron en el exámen de
materia fecal? Claramente no se obtiene respuesta porque la costumbre es tomar
medicamentos antiparasitarios de acción intestinal contra cosas que
probablemente ni tengamos.
Los parásitos intestinales deben ser diagnosticados mediante
el exámen coproscópico, el cual tampoco es 100% efectivo en el diagnóstico. Las razones: usualmente es una sola toma de muestra;
visualizar parásitos en materia fecal es supremamente difícil, especialmente si
hay escasa formas. Y es que las formas del parásito (huevos o larvas) no salen
de forma continua, pero se suma a lo anterior que en el laboratorio se utiliza
un solo tipo de coloración, lo que no es útil para detectar todos los tipos de parásitos
que infectan los humanos. Por eso es muy
común ver en los reportes de los exámenes coproscópicos la frase: No Parásitos
Intestinales o su abreviatura NPI. Los parásitos intestinales pueden producir
enfermedades, algunas de ellas con graves consecuencias que, además de los cuadros de diarrea, puede
llevar a la desnutrición, anemia y alteraciones del crecimiento o la muerte por
complicaciones de las infecciones per se.
Sin embargo, tenemos parásitos intestinales, contradiciendo su definición, que
pueden ser benéficos y algunos de ellos los podemos considerar parte normal de
la microbiota digestiva, la cual nos permite poder tener una homeóstasis de la
mucosa intestinal. Se ha demostrado que algunos de estos parásitos interactúan
directamente con bacterias intestinales, de tal forma que si uno toma
antibióticos de forma indiscriminada no solo altera la composición bacteriana
del intestino, sino que también altera los parásitos; y si uno toma
antiparasitarios mata igualmente las bacterias que interactúan con estos. Los parásitos
intestinales que infectan humanos pueden ser divididos en dos grandes grupos:
los protozoarios, unicelulares y microscopios, que causan enfermedades como la
amebiasis; y los helmintos o gusanos redondos, que pueden ser grandes, hasta de
varios centímetros, como las famosas lombrices intestinales. Obviamente le
tenemos el pavor de contraer algunas de estos parásitos y que por ello enfermemos,
lo cual puede ser posible al comer alimentos o tomar aguas contaminadas con las
formas infectivas del parásito; algunos entran por la piel cuando se camina
descalzo por zonas tropicales y húmedas. Es por eso, que una gran cantidad de personas apenas
llegan del paseo rural o selvático de una se “tratan” o purgan en una sola toma
con el denominado “matrimonio” conformado por un par de famosos
anti-parasitarios. Tomarse dichos medicamentos en ese periodo tan reciente no significa
nada, puesto que las formas del parásito que son atacados por los medicamentos
probablemente aún no se han producido, o ni siquiera se infectaran con algún
parasito intestinal. Al contrario, está contribuyendo al deterioro de la
microbiota intestinal y el abuso de los medicamentos crea resistencia de los
parásitos a los mismos. Y como digo coloquialmente: no todo lo que duela en la
barriga son parásitos y no todos los parásitos sucumben al tratamiento con el
mismo medicamento.
A pesar de la parasitofobia diseminada, los parásitos
intestinales que infectan humanos están siendo estudiados como tratamiento de
enfermedades alérgicas, inflamatorias crónicas y autoinmunes. Así que no sería
raro que en algunos años estaremos comiendo huevos de parásitos para tratarnos
algunos de estos males. Eso si,
esperamos que estén bien lavaditos.
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