miércoles, 22 de julio de 2020

“Descovidzar” la vida


El hombre lleva muchos menos años en el planeta tierra, si lo comparamos con los microrganismos, los insectos y los animales vertebrados. Los microorganismos, buenos y malos, hacen parte de los seres vivientes y son fundamentales para nuestra existencia. Los microrganismos buenos hacen parte de los que se conoce como el microbioma humano, o sea el conjunto de bacterias, hongos, virus y parásitos que usted carga y alimenta de forma permanente. Cada órgano o sistema tiene su micriobiota, por ejemplo, la piel o el sistema digestivo; y no solo es diferente, sino que presentan funciones como mantener el pH de la piel o, inclusive, ayudar a la digestión de alimentos. El conjunto del microbiota forma su microbioma; estos últimos, son los agentes infecciosos o patógenos, los malos, que producen enfermedad y llevan a su hospedero a la muerte. Un patógeno necesita el hospedero, lo utiliza porque en él debe replicarse y sobrevivir para continuar su ciclo de vida. Ellos nos necesitan (animales, plantas y humano) para pode sobrevivir. Solo que algunos de estos agentes infecciosos son jóvenes desde el punto de vista evolutivo, y se hacen detectar (producen enfermedad) o son inclusive capaz de eliminar el sistema donde se replican (muerte). Pero otros, más viejos e inteligentes, permanecen el hospedero siendo indetectables o causando enfermedad mínima. Estos se han adaptado evolutivamente para sobrevivir sin causar problemas. A pesar de estar en la época de la tecnología, la biología molecular y celular, aún es muy poco lo que sabemos de la funcionalidad del microbioma humano. Tal parece que el microbiota de una persona es tan individual como sus huellas digitales. Es por eso que el microbioma afecta aspectos como la respuesta a medicamentos, la nutrición e inclusive la presencia de enfermedades. Si antes de la epidemia de Covid-19 éramos microbiofóbicos, ya podemos imaginar qué pasará después. El lavado obsesivo de manos, el uso de geles y  de desinfectantes en casa, han cambiado los patrones de comportamientos y claramente tendrá un efecto en la diversidad del microbioma humano. Estudios realizados en poblaciones aisladas, que aún no tienen dietas occidentales, comparado con países industrializados con alto consumo de alimentos ultraprocesados, muestran que la microbiota intestinal de estos últimos es menos diversa, y en el caso de bacterias solo se limita a algunos grupos; mientras que la de los grupos aislados es rica en variedades bacterianas. No solo es lo que consumimos, pues también el contacto humano ayuda a la diversidad del microbiota humano. Después del Covid-19 la vida continuará y vendrán más; además éste fue solo uno de los virus que estaban en lista para salir de sus nichos de trasmisión y fue exitoso. La cuarentena, el distanciamiento comunitario y el uso de antisépticos afectarán sin ninguna duda la diversidad microbiana de una persona, pero cuyo impacto aún está por conocerse. Por eso, se debe empezar a “descovidzar” el comportamiento humano, ya que éste no es el final de las pandemias. Como proclamó Sir Winston Churchill en 1942: “….este no es el final, no es ni siquiera el principio del final. Puede ser, más bien, el final del principio."

sábado, 13 de junio de 2020

Ángeles en el mundo


La diseminación de la infección por el coronavirus SARS-CoV-2 parece en “déjà vu” de lo ocurrido al inicio de la década de los 80´s con la epidemia del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), causante del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA). Las similitudes de las especulaciones su origen, que fue generado en un laboratorio o que paso de ciertos animales al humano. De nuevo, la teoría de conspiración de la creación del virus por un gobierno que tenía lista la vacuna, los medicamentos y las pruebas diagnósticas lo cual lo favorecería económicamente. Las acusaciones entre los países, la guerra del espionaje científico, y el afán por las publicaciones y las patentes. En la serie “Ángeles en América” de la productora norteamericana HBO, basado en el libro homónimo de Anthony Kushner, aborda la epidemia de SIDA y las dificultades iniciales con la extraña enfermedad y su tratamiento; allí los ángeles descienden a acompañar los caracteres protagónicos. Uno de los capítulos se enfoca es el tratamiento de los pacientes con SIDA, donde se aplica una terapia experimental que elimina los linfocitos T ayudadores, células que infecta el virus del VIH. No obstante, la eliminación de estos linfocitos que también participa la inmunidad contra las infecciones, empeora los individuos hasta llevarlos a la muerte. Con la epidemia de coronavirus se han repetidos hechos similares, ante la ansiedad de buscar una terapia específica, usando un amplio arsenal de medicamentos como antivirales, interferones y corticoesteroides, además otras drogas de uso en enfermedades parasitarias. Muchos de ellos sin resultados realmente beneficioso para los pacientes.  Repetimos la historia porque la historia se repite. Y mientras desciendan los ángeles a protegernos, debemos seguir cuidándonos como comunidad mientras de desarrolle el tratamiento específico o la vacuna.

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miércoles, 26 de febrero de 2020

Coronavirus: entre la pandemia y el pánico


En el mundo no estamos ni estaremos exentos de pandemias (presencia global de casos) y epidemias (aumento marcado de casos) por virus. Ya en las últimas décadas hemos tenido dos grandes epidemias producidas por los virus causantes del Zika y el Chickunguña, ambos trasmitidos por el mosquito Aedes aegypti, el mismo transmisor de los virus del Dengue. Actualmente cursamos con la tercera, o probablemente la cuarta, epidemia conocida de infección humana causada por un coronavirus, virus causantes de enfermedades respiratorias que no son nuevos en el mundo. En 1965 se reportó el primer aislamiento de un coronavirus produciendo resfriado común en los Estados Unidos y, posteriormente, causado brotes de enfermedad respiratoria en el mismo país (1). Lo diferente es que ahora tenemos acceso rápido a la información, grandes bases de datos y sobre todo a las redes sociales.

El primer reporte de un brote por coronavirus fue el SARS (virus del síndrome respiratorio severo) en el 2002 proveniente de la China. Se produjeron más de 8 mil casos, la mayoría en China y con una mortalidad cerca del 10%. El virus se cree fue trasmitido al humano por un mamífero (Civet cat) (2). El segundo caso en el 2012 fue el MERS (síndrome respiratorio del Medio Oriente), proveniente de Arabia Saudita probablemente transmitido por camellos; se produjeron 1,360 casos en todo el mundo con una mortalidad cercana al 40%, la mayoría en el Medio Oriente (3). Hoy tenemos una tercera epidemia a punto de convertirse en pandemia, el coronavirus denominado COVID-19 (también conocido como n-CoV o SARS-2) proveniente de la provincia de Wuhan en China y trasmitido a los humanos probablemente por animales. La secuencia del genoma del virus aislado de pacientes es parecida a un virus de murciélagos, pero se especula que pudo provenir de murciélagos, serpientes o pangolines. Ya para la fecha, febrero de 2020, hay más de 80 mil casos en 36 países, con una mortalidad mayor al 3% (4). Ante la inminente globalización de la infección, ha estallado una especie de pánico mediático. Aunque existen muchos ángulos del tema para ser tratados, entre los que pueden estar el agente infeccioso, la comunidad y los servicios de salud, hay dos aspectos fundamentales que son para plantear: la participación ciudadana y los sistemas de información estatales.

Los ciudadanos participamos con los cuidados que se deben tener en caso de un virus trasmitido por contacto aéreo y probamente por vía oral, como el caso del COVID-19.  Ya se han tenido experiencias similares recientes, como el caso de la epidemia del virus de influenza H1N1 en el 2009, agente para el cual afortunadamente contamos con vacuna. Los cuadros respiratorios producidos por influenza son estacionales en los países no tropicales; no obstante, como digo coloquialmente en clase, en Bogotá la transmisión del virus influenza es estacional: en las estaciones de Transmilenio. Esto para indicar que no se tiene cuidado con el estornudo, ya que se hace de forma abierta, sin protección, contaminando así a otras personas en caso de tener una infección respiratoria. Esto sin comentar otras medidas de protección para evitar la diseminación de los virus respiratorios. Hace algunos años se realizó una encuesta entre trabajadores de la salud de todo el mundo. El propósito era conocer cuales eran las medidas de salud pública más importantes que ayuden a combatir enfermedades infecciosas ¿Adivinen cuál fue la ganadora? La más simple y práctica de todas: el lavado de manos. Pero basta fijarse qué sucede cuando se entra  a un baño público para para ver lo que pasa o, mejor, lo que no pasa. Benditos hábitos higiénicos. En síntesis, la participación personal y comunitaria es un factor preponderante en el control de la diseminación de las infecciones.

Con respecto al tema institucional, me referiré al ente encargado de la recolección y manejo de la información en salud para Colombia: el Instituto Nacional de Salud (INS), dependencia del Ministerio de Salud y Protección Social. En los Estados Unidos existe más de una institución para el manejo de la salud: el NIH (National Institute of Health), la agencia de investigación médica; el CDC (Centers for Disease Control and Prevention), encargada de salud pública, incluyendo infecciones; el  FDA (Food and Drug Administration) quienes certifican entre otras cosas las pruebas de laboratorio y el CMS (Centers for Medicare & Medicaid Services) que se encarga de la validación de las pruebas de diagnostico de laboratorio. Todas estas funciones en Colombia casi en su totalidad las cumple el INS, exceptuando alguna realizada por el INVIMA. Lamentablemente el INS ha sufrido un continuo y progresivo recorte presupuestal y en su capacidad operativa. La importancia de esta institución es vital en eventos como los que vivimos actualmente.  Los invito a visitar su página en internet (www.ins.gov.co) para obtener información directa y de primera mano. Los sistemas de información de salud son la columna central en la planeación de la salud de una población, lo mismo que para el desarrollo de programas de prevención y promoción; por lo tanto, hay que bogar públicamente por la sostenibilidad por las entidades encargadas de sistematizarla y presentarla.

Derechos reservados al autor.
 Referencias
1.   Cultivation of a Novel Type of Common-cold Virus in Organ Cultures. D. A. J. Tyrrell and M. L. Bynoe. Br Med J. 1965 Jun 5; 1(5448): 1467–1470.