El hombre lleva muchos menos
años en el planeta tierra, si lo comparamos con los microrganismos, los
insectos y los animales vertebrados. Los microorganismos, buenos y malos, hacen
parte de los seres vivientes y son fundamentales para nuestra existencia. Los microrganismos
buenos hacen parte de los que se conoce como el microbioma humano, o sea el
conjunto de bacterias, hongos, virus y parásitos que usted carga y alimenta de
forma permanente. Cada órgano o sistema tiene su micriobiota, por ejemplo, la
piel o el sistema digestivo; y no solo es diferente, sino que presentan
funciones como mantener el pH de la piel o, inclusive, ayudar a la digestión de
alimentos. El conjunto del microbiota forma su microbioma; estos últimos, son
los agentes infecciosos o patógenos, los malos, que producen enfermedad y
llevan a su hospedero a la muerte. Un patógeno necesita el hospedero, lo
utiliza porque en él debe replicarse y sobrevivir para continuar su ciclo de
vida. Ellos nos necesitan (animales, plantas y humano) para pode sobrevivir.
Solo que algunos de estos agentes infecciosos son jóvenes desde el punto de
vista evolutivo, y se hacen detectar (producen enfermedad) o son inclusive
capaz de eliminar el sistema donde se replican (muerte). Pero otros, más viejos
e inteligentes, permanecen el hospedero siendo indetectables o causando enfermedad
mínima. Estos se han adaptado evolutivamente para sobrevivir sin causar
problemas. A pesar de estar en la época de la tecnología, la biología molecular
y celular, aún es muy poco lo que sabemos de la funcionalidad del microbioma
humano. Tal parece que el microbiota de una persona es tan individual como sus
huellas digitales. Es por eso que el microbioma afecta aspectos como la
respuesta a medicamentos, la nutrición e inclusive la presencia de
enfermedades. Si antes de la epidemia de Covid-19 éramos microbiofóbicos, ya
podemos imaginar qué pasará después. El lavado obsesivo de manos, el uso de
geles y de desinfectantes en casa, han
cambiado los patrones de comportamientos y claramente tendrá un efecto en la
diversidad del microbioma humano. Estudios realizados en poblaciones aisladas,
que aún no tienen dietas occidentales, comparado con países industrializados
con alto consumo de alimentos ultraprocesados, muestran que la microbiota
intestinal de estos últimos es menos diversa, y en el caso de bacterias solo se
limita a algunos grupos; mientras que la de los grupos aislados es rica en
variedades bacterianas. No solo es lo que consumimos, pues también el contacto
humano ayuda a la diversidad del microbiota humano. Después del Covid-19 la
vida continuará y vendrán más; además éste fue solo uno de los virus que
estaban en lista para salir de sus nichos de trasmisión y fue exitoso. La
cuarentena, el distanciamiento comunitario y el uso de antisépticos afectarán
sin ninguna duda la diversidad microbiana de una persona, pero cuyo impacto aún
está por conocerse. Por eso, se debe empezar a “descovidzar” el comportamiento
humano, ya que éste no es el final de las pandemias. Como proclamó Sir Winston
Churchill en 1942: “….este no es el final, no es ni siquiera el principio del
final. Puede ser, más bien, el final del principio."
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