Dentro de los microorganismos que
causan enfermedades en humanos, los agente parasitarios son considerados los
dinosaurios en vía de extinción. No solamente por su tamaño, que va desde estructuras unicelulares
microscópicas hasta parásitos de 30 cms de largo, al igual porque son enfermedades asociadas a aspectos
socioeconómicos como mala higiene, desnutrición y en general pobreza. Inclusive
dentro de la lista de enfermedades clasificadas como olvidadas (neglected diseases, en
inglés), la mayoría de estas son
causadas por agentes parasitarios, obviamente con mayor impacto en el cinturón
tropical del mundo. El origen de la palabra pará-sito esta asociada a
“algo que se encuentra al lado”, pero
desde el punto de vista biológico es algo que vive dentro o fuera de otro organismo u
hospedero utilizándolo para sobrevivir
y replicarse.
Evolutivamente los parásitos han
existido más tiempo sobre el planeta que los humanos, manteniendo sus ciclos de
vida salvaje trasmitiéndose entre mamíferos,
algunos con la ayuda de insectos vectores. La agricultura y las migraciones
garantizaron el contacto de los humanos con los parásitos los cuales se adaptaron a su nuevo hospedero. Algunos parásitos
son considerados “adolescentes” porque causan enfermedades severas o muerte; de otro lado están aquellos parásitos que han negociado su estadía con el
hospedero y producen enfermedades que no comprometen la integridad de éste. Sin importar la severidad de la enfermedad que ocasionen, los
parásitos son los agentes causantes de
enfermedades de gran impacto en la salud mundial como la malaria.
Aunque hay tratamientos anti-parasitarios,
algunos de estos son de uso milenario como la quinina y la artemisia para la
malaria, y para algunos de estos se
desconoce exactamente sus mecanismos de acción. Igualmente, existe poca pero
creciente investigación sobre nuevos tratamientos. Sin embargo, el uso
indiscriminado de anti-parasitario ha llevado a la aparición de la
resistencia a dichos medicamentos.
La resistencia a medicamento, el incremento de la temperatura global, el aumento de la velocidad de desplazamiento
de zonas endémicas a zonas no endémicas, la invasión humana permanente o
temporal (turismo) a zonas apartadas de la tierra y el tráfico de animales
exóticos, entre otros garantiza el contacto de los parásitos
con los humanos. No solamente estos aspectos mencionados participan en el mantenimiento de éstos; en Colombia algunos agentes parasitarios se han
acercado más a las poblaciones humanas, ejemplo de esto es la presencia de la
malaria peri-urbana y la leishmaniosis cutánea urbana que se trasmite
en pueblos del Tolima e inclusive en ciudades como Bucaramanga. De este forma
estos agentes infecciosos están literalmente buscando nuevas estrategias de supervivencia para quedarse permanentemente a nuestro lado.
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