Desde que llegué a trabajar a la
universidad en el año 2006, y al saber que todavía él seguía viniendo al campus, no resistí la tentación de acércame y
conversarle. Era una persona supremamente reservada, usualmente no recibía
muchas visitas, pero mi invitación a participar en el curso de Parasitología para
la Facultad de Medicina me permitió un primer acercamiento. Al llegar a su oficina, gentilmente arrimaba la
butaca que guardaba debajo del escritorio. Una vez sentado empezaba el viaje;
muchos países que nunca podré conocer y
una infinita cantidad de historias. Jamás me dejó grabarlo ni me permitía tomar
notas. Por eso, al terminar la visita, salía rápidamente a escribir y tratar de
recordar la mayor cantidad de detalles posibles: secuestrado por la guerrilla,
atrapado por la marea en una cueva en Bahía Solano mientras era mordido en la
cara por los murciélagos, condenado a muerte en el norte de África por llevar
arena sagrada en unas tortugas, entre otras historias; además del mito generado
a su alrededor de auto-inocularse microorganismos para servirles de medio de
cultivo y transporte.
Supe del origen tirolés de su familia
paterna de marineros, pintores y médicos, además que el apellido se relaciona con
la Mantis religiosa en el idioma
austro-bávaro. De su abuelo paterno, del
cual heredó el mismo nombre, comentaba que fue marinero, peleó en la Primera
Guerra Mundial, y murió a causa de la
malaria en uno de sus viajes a Indonesia.
El cuerpo de su abuelo fue
enterrado en la isla de Onrust (Palao) donde él fue y buscó su tumba. La identificó
ya que tenía una piedra con las iniciales del nombre (CJM). La guardó y se la
dio posteriormente como regaló a su padre. Oí también sobre su abuela materna, descendiente
de la Reina Zíngara francesa del siglo
XVII. Me contó de su padre que veía cada
7 u 8 años debido a su ocupación; viajaba a visitar las minas de bauxita en Bosnia
a merced de los ataques de los lobos; en
barco llevando la margarina por primera vez a los Estados Unidos, abriendo un
negocio de importación en Wall Street. De su madre de origen francés, pero nacida
en Holanda, odontóloga de profesión con la cual migró a Java cuando tenia 9
años.
Nació en Viena y contó con la doble
nacionalidad, austriaca y holandesa, pero al estallar la Segunda Guerra Mundial
abandonó la primera. Fue voluntario en la campaña militar con el fin de expulsar los japoneses de
Indonesia. Sin embargo, una lesión por proyectil en el gemelo izquierdo, de la
cual se recuperó completamente, le permitió tener una dispensa de la Corona
Holandesa para darse de baja del ejército y regresar a Holanda a los 18 años e iniciar sus
estudios de medicina. Entre Amberes, Batavia, Bruselas, Londres y Utrecht
obtuvo títulos de pregrado en medicina y biología; especializaciones en parasitología,
entomología médica, medicina tropical, legislación sanitaria y micología
clínica médica; una maestría en parasitología aplicada y un doctorado en biología.
Su primera aproximación a Colombia fue en la Universidad de Londres gracias a que su profesor PCC Garnham tenía contacto con el
virólogo colombiano Carlos Sanmartín Barberi. No obstante, ante un ofrecimiento
de su profesor para trabajar en Sierra Leona, se decidió finalmente por América.
Llegó primero a El Salvador en 1962 y posteriormente fue recomendado por el
doctor Pablo Barreto para trabajar en entomología en la Universidad del Valle en
Cali. De Colombia le habían mencionado que era un lugar peligroso por lo que usó
dos estrategias para ahuyentar curiosos
y ladrones de su casa en el Parque del Perro: un aviso en la puerta de su casa
donde indicaba que se compraban animales exóticos y venenosos; y pasearse por
el parque camino a la tienda con una serpiente en su cuello. Su llegada a Bogotá a la Universidad de los
Andes se debe en parte la invitación del doctor Hernando Groot Liévano, quien
le mencionó acerca de la apertura de una Facultad de Medicina para lo cual,
desde 1957, se habían iniciado los cursos
pre-médicos.
Fueron más de cuatro décadas de trabajo
continuo para ir acopiando su colección de murciélagos y de huevos de pájaros; para
sus estudios en tripanosomiasis, leishmaniosis y toxoplasmosis, y para la
descripción de nuevos especies de pájaros, serpientes, murciélagos, hongos y
parásitos. Fundó un centro de investigación en medicina tropical donde formó varias
generaciones entre ellos sus entrañables alumnos Nhora Rodríguez de Sánchez,
Max Gröl, Marco Fidel Suárez y Felipe Guhl.
Ya con sus 80 años, aun alto, canoso y de tez
blanca bronceada, lo recuerdo entrando a dar clase por primera vez a los estudiantes
de medicina. Me dijo que para él era una ocasión especial, tanto así que llegó con
un blazer azul marino y una corbata azul oscura con pequeños dibujos blancos semejantes
a insectos. Me dijo que detallara el diseño y que viera cómo el mosquito de su corbata tenía las alas paradas, lo cual era típico de la Lutzomya, el agente transmisor de la leishmaniosis. Bueno, allí estaba, con su español con marcado
acento, trasmitiendo su conocimiento y
experiencia personal en medicina tropical, 43 años mas tarde para lo que había
sido contactado.
Ya podrán saber a quien estarán
homenajeando cuando se encuentre
leyendo o viendo una imagen del genero Tremajoannes (tortuga) o algún
mosquito, rana, murciélago o
parásito de la especie marinkellei, a
Cornelis Johannes Marinkelle Viena, julio de 1925 – Bogotá, enero de 2012.
Nota. Si quiere
conocer mas sobre su legado, los invito a
leer o visitar los siguientes enlaces:
CJ MARINKELLE Facebook
Derechos reservados®.
Este documento puede ser usado con fines académicos usando la citación adecuada. Para la difusión en medios de comunicación se deberá solicitar autorización del autor.
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