martes, 25 de noviembre de 2014

El navegante holandés


Desde que llegué a trabajar a la universidad en el año 2006, y al saber que todavía él seguía viniendo al campus, no resistí la tentación de acércame y conversarle. Era una persona supremamente reservada, usualmente no recibía muchas visitas, pero mi invitación a participar en el curso de Parasitología para la Facultad de Medicina me permitió un primer acercamiento. Al  llegar a su oficina, gentilmente arrimaba la butaca que guardaba debajo del escritorio. Una vez sentado empezaba el viaje; muchos países  que nunca podré conocer y una infinita cantidad de historias.  Jamás me dejó grabarlo ni me permitía tomar notas. Por eso, al terminar la visita, salía rápidamente a escribir y tratar de recordar la mayor cantidad de detalles posibles: secuestrado por la guerrilla, atrapado por la marea en una cueva en Bahía Solano mientras era mordido en la cara por los murciélagos, condenado a muerte en el norte de África por llevar arena sagrada en unas tortugas, entre otras historias; además del mito generado a su alrededor de auto-inocularse microorganismos para servirles de medio de cultivo y transporte.

Supe del origen tirolés de su familia paterna de marineros, pintores y médicos, además que el apellido se relaciona con la Mantis religiosa en el idioma austro-bávaro.  De su abuelo paterno, del cual heredó el mismo nombre, comentaba que fue marinero, peleó en la Primera Guerra Mundial, y  murió a causa de la malaria en uno de sus viajes a Indonesia.  El cuerpo de su abuelo fue enterrado en la isla de Onrust (Palao) donde él fue y buscó su tumba. La identificó ya que tenía una piedra con las iniciales del nombre (CJM). La guardó y se la dio posteriormente como regaló a su padre. Oí  también sobre su abuela materna, descendiente de la Reina Zíngara  francesa del siglo XVII.  Me contó de su padre que veía cada 7 u 8 años debido a su ocupación; viajaba a visitar las minas de bauxita en Bosnia  a merced de los ataques de los lobos; en barco llevando la margarina por primera vez a los Estados Unidos, abriendo un negocio de importación en Wall Street. De su madre de origen francés, pero nacida en Holanda, odontóloga de profesión con la cual migró a Java cuando tenia 9 años.

Nació en Viena y contó con la doble nacionalidad, austriaca y holandesa, pero al estallar la Segunda Guerra Mundial abandonó la primera. Fue voluntario en la campaña militar  con el fin de expulsar los japoneses de Indonesia. Sin embargo, una lesión por proyectil en el gemelo izquierdo, de la cual se recuperó completamente, le permitió tener una dispensa de la Corona Holandesa para darse de baja del ejército y  regresar a Holanda a los 18 años e iniciar sus estudios de medicina. Entre Amberes, Batavia, Bruselas, Londres y Utrecht obtuvo títulos de pregrado en medicina y biología;  especializaciones en parasitología, entomología médica, medicina tropical, legislación sanitaria y micología clínica médica; una maestría en parasitología aplicada y un doctorado en biología.

Su primera aproximación a  Colombia fue en la Universidad de Londres  gracias a que  su profesor PCC Garnham tenía contacto con el virólogo colombiano Carlos Sanmartín Barberi. No obstante, ante un ofrecimiento de su profesor para trabajar en Sierra Leona, se decidió finalmente por América. Llegó primero a El Salvador en 1962 y posteriormente fue recomendado por el doctor Pablo Barreto para trabajar en entomología en la Universidad del Valle en Cali. De Colombia le habían mencionado que era un lugar peligroso por lo que usó dos estrategias  para ahuyentar curiosos y ladrones de su casa en el Parque del Perro: un aviso en la puerta de su casa donde indicaba que se compraban animales exóticos y venenosos; y pasearse por el parque camino a la tienda con una serpiente en su cuello.  Su llegada a Bogotá a la Universidad de los Andes se debe en parte la invitación del doctor Hernando Groot Liévano, quien le mencionó acerca de la apertura de una Facultad de Medicina para lo cual, desde  1957, se habían iniciado los cursos pre-médicos.

Fueron más de cuatro décadas de trabajo continuo para ir acopiando su colección de murciélagos y de huevos de pájaros; para sus estudios en tripanosomiasis, leishmaniosis y toxoplasmosis, y para la descripción de nuevos especies de pájaros, serpientes, murciélagos, hongos y parásitos. Fundó un centro de investigación en medicina tropical donde formó varias generaciones entre ellos sus entrañables alumnos Nhora Rodríguez de Sánchez, Max Gröl, Marco Fidel Suárez y Felipe Guhl.

Ya  con sus 80 años, aun alto, canoso y de tez blanca bronceada, lo recuerdo entrando a dar clase por primera vez a los estudiantes de medicina. Me dijo que para él era una ocasión especial, tanto así que llegó con un blazer azul marino y una corbata azul oscura con pequeños dibujos blancos semejantes a insectos. Me dijo que detallara el diseño y que viera cómo el mosquito  de su corbata tenía las alas paradas, lo cual  era típico de la Lutzomya, el agente transmisor de la leishmaniosis.  Bueno, allí estaba, con su español con marcado acento,  trasmitiendo su conocimiento y experiencia personal en medicina tropical, 43 años mas tarde para lo que había sido  contactado.  

Ya podrán saber a quien estarán homenajeando cuando se encuentre leyendo o viendo una imagen del genero Tremajoannes (tortuga) o algún  mosquito, rana, murciélago  o parásito de la especie marinkellei, a Cornelis Johannes Marinkelle  Viena, julio de 1925 – Bogotá, enero de 2012.






Nota. Si quiere conocer mas sobre su  legado, los invito a leer  o visitar los siguientes enlaces:


IN MEMORIAM. Felipe Guhl
CJ MARINKELLE Facebook 
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