viernes, 30 de enero de 2015

Los Juegos del Hambre para investigadores

La OECD o la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) es una entidad que  busca el mejoramiento económico y social de las personas, tal como reza en su misión. Los países miembros de esta organización representan el 70% de la economía mundial; en la actualidad cuenta con 34 países adherentes y tres en proceso de adhesión, uno de ellos Colombia. Para el ingreso de Colombia como miembro pleno de la OECD, existe una agenda con 23 puntos que contempla los cambios que el Estado debe realizar para validar su entrada; estos abarcan desde política ambiental hasta la comercial. Ya se nos ha informado por parte del gobierno que  tendremos profundas modificaciones en políticas económicas, como las futuras reformas pensionaria y tributaria.

Son muchas las ventajas para los investigadores de pertenecer a un país en vía de desarrollo, especialmente en Colombia en donde la inversión para ciencia y tecnología es menor del 0.4% del PIB, lo que incluye el presupuesto de Colciencias y las regalías, para la financiación  de todos los proyectos de investigación en el país. Sin pretender conocer, y menos aún analizar las implicaciones (buenas o malas) de la entrada de Colombia al selecto grupo de países OECD, ya es evidente en algunas áreas como la investigación, los efectos que produce y no es complicado predecir que sucederá. Descontando que aun no somos miembros plenos, a continuación anoto algunas de las  cosas que ya perdimos y seguiremos perdiendo.

Pertenecer a sociedades y asociaciones científicas internacionales, en sus  respectivas áreas de trabajo, nos permite el intercambio y  la asistencia a eventos. El pago que se realiza por cada evento, que sale de nuestro bolsillo, se vio incrementado ya que  dejamos de percibir el subsidio que recibíamos, al salir de la lista de países en vía de desarrollo. Igualmente se nos incrementa el costo  de las inscripciones a eventos científicos y académicos, lo mismo que las suscripciones anuales a las revistas científicas.

Desaparecimos del listado de países beneficiados para competir por financiación de proyectos de investigación. Al igual que para el otorgamiento de cierto porcentaje de becas de estudio de posgrado ofrecidas por países pertenecientes a la OECD (Estados Unidos, Inglaterra, Alemania y Francia, entre otros).

Se incrementa los costos de publicación de artículos científicos; por ejemplo, una revista de acceso abierto nos cobraba 500 dólares por la publicación de un artículo aceptado, hoy nos cargan tarifa plena de 2.500 dólares. Si multiplicamos este valor por la taza de cambio (2.500 pesos por un dólar), fácilmente  la cifra en pesos puede alcanzar al 10% del  que recibimos para la elaboración un proyecto.

El presupuesto para ciencia y tecnología se reduce, la entidad del Estado encargada hace lo que puede con el presupuesto actual,  y el tan esperado incremento de los dineros para investigación originados en regalías del petróleo, potestad de los entes regionales, hoy solo nos genera incertidumbre. Por eso es fácil parodiar nuestra cotidianidad como investigadores colombianos con la popular película los Juegos del Hambre. En esta película, los diferentes distritos, sometidos forzosamente a la pobreza, envían un representante para que compitan en un “reality” de televisión cuyo ganador finalmente recibe comida y suministros. Pues bien, el escaso presupuesto para investigación debe ser repartido entre los diferentes  distritos (salud, biotecnología, ambiente, etc.), y cada uno de sus integrante pelearan ferozmente y con todas las armas permitidas (y no permitidas) para obtener un puesto en el concurso (elegible) y  así ganar la competencia (financiado). Sin embargo, la mayoría no oiremos ni silbaremos al unísono con un Sinsajo, más bien quedaremos tristes  y abandonados como el perro y la calandria.

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miércoles, 7 de enero de 2015

In-mundo-logía

Al terminar el pregrado en la Escuela de Medicina y acorde con mi entrenamiento, consideré que con el conocimiento adquirido en conjunto con mi fonendoscopio y un baja lenguas, tomaría el mundo por asalto. En la actualidad,  trabajando en el área de la inmunología y sin el síndrome de “Alejandro El Conquistador”, logré asimilar que la formación profesional es un proceso continuo e interminable. Sobretodo hoy en día cuando los avances de la medicina ocurren de forma rápida.

La Real Academia de la Lengua define la inmunología como “el estudio de la inmunidad biológica y sus aplicaciones”1, entendiéndose la inmunidad como el sistema de defensa de un organismo contra de las agresiones externas e internas. Sin embargo, mucho antes de su aplicación biológica, el origen de este término se remonta al imperio romano.  Los Immunitas eran un grupo de individuos que recibían trato especial por parte del estado como beneficios y excepciones, principalmente tributarias; volviéndose posteriormente privilegios políticos2. Por ende, existió primero la inmunidad parlamentaria.

Se considera el inicio de la inmunología en 1796 con el desarrollo empírico de la vacuna de la viruela por el medico inglés Edward Jenner. Pero solo hasta finales del siglo XIX con el uso de la metodología experimental se describieron por ejemplo la fagocitosis y los anticuerpos,  dándose inicio  a la construcción del complejo sistema inmune y sus mecanismos  tal como lo conocemos en el siglo XXI. Esto sin olvidar el historiador y militar ateniense Tucidides  quien 400 años a. C. ya había mencionado la protección contra la peste (inmunidad adquirida) en aquellos individuos que ya habían padecido la enfermedad.

Esta área de la medicina con siglos de evolución es parte de las denominadas Ciencias Básicas Médicas. Pese a su antigüedad, no parece que tuviera la suficiente influencia en la formación médica en nuestro medio.  Dada la dicotomía entre los cursos básicos y clínicos en las escuelas de medicina, ésta una de las áreas llamadas a relegarse una vez se inicia la practica hospitalaria; en parte se debe a la ausencia de una  especialización en inmunología clínica. Si bien se crítica al ejercicio médico por dividirse en compartimentos (ojos, corazón, sistema digestivo, etc.), la inmunología es probablemente la más desmembrada, repartida entre todas las especialidades médicas existentes.

Durante mi formación en inmunología básica, en el ejercicio de profesor universitario y como coordinador de un laboratorio de investigación en inmunología he recibido todo tipo de retroalimentación asociada a este brazo de la medicina.  Menciono algunos de los comentarios, los cuales reflejan el concepto que se tiene  del ejercicio de esta: ¿Y usted para qué sirve?, “la plata  invertida en su formación se desperdició”; y la número uno en mi lista es la del profesor que dice en clase a los alumnos “No se queden como él que mira el linfocito que eso no sirve para nada”. Lo interesante es que estoy totalmente de acuerdo con las tres ya que es imposible cultivar en medio de la esterilidad.  Sólo hay que mirar  algunas contribuciones de la inmunología en las últimas décadas como las múltiples pruebas diagnosticas utilizadas de rutina en el laboratorio clínico, la disección de la participación de la respuesta inmune en  procesos muy  lejanos al sistema inmune como los accidentes cerebrovasculares, arteriosclerosis, entre muchas otras; y las nuevas formas terapéuticas en enfermedades inflamatorias, autoinmunes y tumorales mediante el uso de anticuerpos y proteínas recombinantes como citocinas. Es por eso que al iniciar un nuevo ciclo de formación en el curso de inmunología, solo espero que las próximas generaciones puedan  pensar  de una forma un poco más In-mundo-lógica.

1 www.rae.es. Pagina de la Real Academia de la Lengua Española
2 A Dictionary of Greek and Roman Antiquities. William Smith, LLD. William Wayte. G. E. Marindin. Albemarle Street, London. John Murray. 1890.

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