La OECD o la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) es una entidad que busca el mejoramiento económico y social de
las personas, tal como reza en su misión. Los países miembros de esta organización representan el 70% de
la economía mundial; en la actualidad cuenta con 34 países adherentes y tres en proceso de
adhesión, uno de ellos Colombia. Para el
ingreso de Colombia como miembro pleno de la OECD, existe una agenda con 23
puntos que contempla los cambios que el Estado debe realizar para validar su
entrada; estos abarcan desde política ambiental hasta la comercial. Ya se nos
ha informado por parte del gobierno que
tendremos profundas modificaciones en políticas económicas, como las
futuras reformas pensionaria y tributaria.
Son muchas las ventajas para los investigadores de pertenecer a
un país en vía de desarrollo, especialmente en Colombia en donde la inversión
para ciencia y tecnología es menor del 0.4% del PIB, lo que incluye el
presupuesto de Colciencias y las regalías, para la financiación de todos los proyectos de investigación en el
país. Sin pretender conocer, y menos aún analizar las implicaciones (buenas o
malas) de la entrada de Colombia al selecto grupo de países OECD, ya es
evidente en algunas áreas como la investigación, los efectos que produce y no
es complicado predecir que sucederá. Descontando que aun no somos miembros plenos,
a continuación anoto algunas de las cosas
que ya perdimos y seguiremos perdiendo.
Pertenecer a sociedades y asociaciones científicas internacionales, en sus respectivas áreas de trabajo, nos
permite el intercambio y la asistencia a
eventos. El pago que se realiza por cada evento, que sale de nuestro bolsillo, se
vio incrementado ya que dejamos de
percibir el subsidio que recibíamos, al salir de la lista de países en vía de
desarrollo. Igualmente se nos incrementa el costo de las inscripciones a eventos científicos y
académicos, lo mismo que las suscripciones anuales a las revistas científicas.
Desaparecimos del listado de países beneficiados para competir
por financiación de proyectos de investigación. Al igual que para el
otorgamiento de cierto porcentaje de becas de estudio de posgrado ofrecidas por
países pertenecientes a la OECD (Estados Unidos, Inglaterra, Alemania y Francia,
entre otros).
Se incrementa los costos de publicación de artículos científicos;
por ejemplo, una revista de acceso abierto nos cobraba 500 dólares por la
publicación de un artículo aceptado, hoy nos cargan tarifa plena de 2.500
dólares. Si multiplicamos este valor por la taza de cambio (2.500 pesos por un
dólar), fácilmente la cifra en pesos puede
alcanzar al 10% del que recibimos para la
elaboración un proyecto.
El presupuesto para ciencia y tecnología se reduce, la entidad
del Estado encargada hace lo que puede con el presupuesto actual, y el tan esperado incremento de los dineros para
investigación originados en regalías del petróleo, potestad de los entes
regionales, hoy solo nos genera incertidumbre. Por eso es fácil parodiar
nuestra cotidianidad como investigadores colombianos con la popular película
los Juegos del Hambre. En esta
película, los diferentes distritos, sometidos forzosamente a la pobreza, envían
un representante para que compitan en un “reality” de televisión cuyo ganador
finalmente recibe comida y suministros. Pues bien, el escaso presupuesto para
investigación debe ser repartido entre los diferentes distritos (salud, biotecnología, ambiente,
etc.), y cada uno de sus integrante pelearan ferozmente y con todas las armas
permitidas (y no permitidas) para obtener un puesto en el concurso (elegible) y
así ganar la competencia (financiado).
Sin embargo, la mayoría no oiremos ni silbaremos al unísono con un Sinsajo, más
bien quedaremos tristes y abandonados como
el perro y la calandria.
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