miércoles, 7 de enero de 2015

In-mundo-logía

Al terminar el pregrado en la Escuela de Medicina y acorde con mi entrenamiento, consideré que con el conocimiento adquirido en conjunto con mi fonendoscopio y un baja lenguas, tomaría el mundo por asalto. En la actualidad,  trabajando en el área de la inmunología y sin el síndrome de “Alejandro El Conquistador”, logré asimilar que la formación profesional es un proceso continuo e interminable. Sobretodo hoy en día cuando los avances de la medicina ocurren de forma rápida.

La Real Academia de la Lengua define la inmunología como “el estudio de la inmunidad biológica y sus aplicaciones”1, entendiéndose la inmunidad como el sistema de defensa de un organismo contra de las agresiones externas e internas. Sin embargo, mucho antes de su aplicación biológica, el origen de este término se remonta al imperio romano.  Los Immunitas eran un grupo de individuos que recibían trato especial por parte del estado como beneficios y excepciones, principalmente tributarias; volviéndose posteriormente privilegios políticos2. Por ende, existió primero la inmunidad parlamentaria.

Se considera el inicio de la inmunología en 1796 con el desarrollo empírico de la vacuna de la viruela por el medico inglés Edward Jenner. Pero solo hasta finales del siglo XIX con el uso de la metodología experimental se describieron por ejemplo la fagocitosis y los anticuerpos,  dándose inicio  a la construcción del complejo sistema inmune y sus mecanismos  tal como lo conocemos en el siglo XXI. Esto sin olvidar el historiador y militar ateniense Tucidides  quien 400 años a. C. ya había mencionado la protección contra la peste (inmunidad adquirida) en aquellos individuos que ya habían padecido la enfermedad.

Esta área de la medicina con siglos de evolución es parte de las denominadas Ciencias Básicas Médicas. Pese a su antigüedad, no parece que tuviera la suficiente influencia en la formación médica en nuestro medio.  Dada la dicotomía entre los cursos básicos y clínicos en las escuelas de medicina, ésta una de las áreas llamadas a relegarse una vez se inicia la practica hospitalaria; en parte se debe a la ausencia de una  especialización en inmunología clínica. Si bien se crítica al ejercicio médico por dividirse en compartimentos (ojos, corazón, sistema digestivo, etc.), la inmunología es probablemente la más desmembrada, repartida entre todas las especialidades médicas existentes.

Durante mi formación en inmunología básica, en el ejercicio de profesor universitario y como coordinador de un laboratorio de investigación en inmunología he recibido todo tipo de retroalimentación asociada a este brazo de la medicina.  Menciono algunos de los comentarios, los cuales reflejan el concepto que se tiene  del ejercicio de esta: ¿Y usted para qué sirve?, “la plata  invertida en su formación se desperdició”; y la número uno en mi lista es la del profesor que dice en clase a los alumnos “No se queden como él que mira el linfocito que eso no sirve para nada”. Lo interesante es que estoy totalmente de acuerdo con las tres ya que es imposible cultivar en medio de la esterilidad.  Sólo hay que mirar  algunas contribuciones de la inmunología en las últimas décadas como las múltiples pruebas diagnosticas utilizadas de rutina en el laboratorio clínico, la disección de la participación de la respuesta inmune en  procesos muy  lejanos al sistema inmune como los accidentes cerebrovasculares, arteriosclerosis, entre muchas otras; y las nuevas formas terapéuticas en enfermedades inflamatorias, autoinmunes y tumorales mediante el uso de anticuerpos y proteínas recombinantes como citocinas. Es por eso que al iniciar un nuevo ciclo de formación en el curso de inmunología, solo espero que las próximas generaciones puedan  pensar  de una forma un poco más In-mundo-lógica.

1 www.rae.es. Pagina de la Real Academia de la Lengua Española
2 A Dictionary of Greek and Roman Antiquities. William Smith, LLD. William Wayte. G. E. Marindin. Albemarle Street, London. John Murray. 1890.

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