lunes, 2 de marzo de 2015

Geopolítica médica

En las enfermedades transmisibles (infecciones), al igual que algunas enfermedades no transmisibles como las crónicas degenerativas con gran influencia del ambiente, se les trata de confinar a ciertos espacios geográficos; se les  imponen bordes artificiosos.  Los límites entre países son concepciones imaginarias político administrativas, restringidas a aspectos gubernamentales, pero poco pueden hacer estas delimitaciones con la propagación de microorganismos, el movimiento de los agentes vectores de enfermedades, la migración de los reservorios animales, de agentes infecciosos e, inclusive, con la diseminación de costumbres y hábitos alimentarios. No obstante, estas  delimitaciones ha sido usadas como un argumento a favor o en contra de la salud humana.
                                            
La geopolítica médica la podríamos definir entonces como la  forma en que a través de la geografía  y la organización de los estados, se trata de delimitar  e inclusive manipular la salud de una población. Por ejemplo, se puede bautizar una variación de un agente biológico con el nombre de la ciudad donde se detectó. Esta regionalización se ha usado, entre otras cosas, con el fin de generar pánico entre usuarios del turismo medico. De esta forma se trata de evitar que se acudan a determinadas instituciones o países donde usualmente los procedimientos médico-quirúrgicos son más baratos. En el 2010, una prestigiosa revista médica publicó un artículo sobre una nueva bacteria multi-resistente a los antibióticos la cual se denominó “variedad Nueva Delhi”. Este super-bicho fue encontrado en un paciente europeo a quien le realizaron un procedimiento quirúrgico en la India. Las alarmas medicas y científicas saltaron, inmediatamente se dieron a la tarea de la identificación y caracterización de dicha bacteria en hospitales alrededor del mundo. La sorpresa: en una semana se reportó la presencia de la misma bacteria “Nueva Delhi” en otros sitios,  inclusive algunos lejos de la India. La indignación del gobierno Indio no se  dejó esperar y finalmente, aunque fue una descripción valida y útil, el uso del nombre fue retractado. Así como en el caso de la bacteria Nueva Delhi, no necesitamos ir al norte de África en busca del virus de la Fiebre Occidental del Nilo;  o, de igual manera, podemos contagiarnos de la Fiebre de las Montañas Rocosas en el corregimiento de Tobia (departamento de Cundinamarca) a dos horas de Bogotá y sin  necesidad de visa.

Actualmente en ciertas partes del mundo hay brotes de enfermedades infecciosas que amenazan la salud global, especialmente de los niños, y contra las cuales existen vacunas.  Una de las razones para estos brotes es la tendencia a no vacunar, según algunos dada la “poca evidencia sobre la seguridad de las vacunas”; sin embargo, se usa la no-vacunación como arma de guerra. En Nigeria, Siria y Afganistán, los grupos insurgentes no permiten  vacunar contra la poliomielitis a ciertas etnias, combatiendo las poblaciones con armas biológicas naturales.

Con la movilidad humana se mueven las enfermedades; por ejemplo, procedente de África llegó a Brasil un barco que trajo Anopheles gambiae, el temible vector de la malaria en ese continente,  que casi se disemina por la selva de aquel país. Éste, a diferencia del tigre asiático (Aedes Albopictus), no se pudo radicar en estas  tierras. Sin embargo, transportado en aviones produce brotes de malaria entre maleteros en los aeropuertos de Londres, París y Ámsterdam. 

Así fue como el tráfico de osos perezosos como mascotas, nos trajo la Leishmania guyanesis desde la amazonia hasta los pueblos cafeteros de la región andina, donde produce leishmaniosis cutánea en sus habitantes. A pesar de todos estos antecedentes, la frase mas usada en geopolítica médica a nivel local es “eso en Colombia no existe”. Se trasmite filaríais linfática y esquistosomiasis intestinal en los llanos venezolanos y la amazonia brasileña, pero no en Colombia; estamos rodeados de países con triquinosis, trasmitida por carne de cerdo, pero, supuestamente, no la tenemos Colombia. Como si un gran Muro de Adriano nos protegiera de la llegada de estas enfermedades. Estudios hechos en Panamá muestran la presencia de diversos virus productores de encefalitis en humanos en la frontera del istmo con Colombia,  pero parece que el “tapón del Darién” es lo suficientemente eficaz como para  bloquear  la entrada de estos agentes  virales a nuestro país.

Por estas razones vale la pena, desde el punto de la geopolítica médica, traer la pregunta que siempre surge en los debates  sobre educación médica en  Colombia   ¿Y cuál es  el médico que el país necesita?


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