En las enfermedades
transmisibles (infecciones), al igual que algunas enfermedades no transmisibles
como las crónicas degenerativas con gran influencia del ambiente, se les trata de
confinar a ciertos espacios geográficos; se les imponen bordes artificiosos. Los límites entre países son concepciones
imaginarias político administrativas, restringidas a aspectos gubernamentales,
pero poco pueden hacer estas delimitaciones con la propagación de microorganismos,
el movimiento de los agentes vectores de enfermedades, la migración de los
reservorios animales, de agentes infecciosos e, inclusive, con la diseminación
de costumbres y hábitos alimentarios. No obstante, estas delimitaciones ha sido usadas como un
argumento a favor o en contra de la salud humana.
La geopolítica
médica la podríamos definir entonces como la
forma en que a través de la geografía
y la organización de los estados, se trata de delimitar e inclusive manipular la salud de una
población. Por ejemplo, se puede bautizar una variación de un agente biológico
con el nombre de la ciudad donde se detectó. Esta regionalización se ha usado,
entre otras cosas, con el fin de generar pánico entre usuarios del turismo
medico. De esta forma se trata de evitar que se acudan a determinadas
instituciones o países donde usualmente los procedimientos médico-quirúrgicos
son más baratos. En el 2010, una prestigiosa revista médica publicó un artículo sobre una nueva bacteria multi-resistente a los antibióticos la cual
se denominó “variedad Nueva Delhi”. Este super-bicho fue encontrado en un
paciente europeo a quien le realizaron un procedimiento quirúrgico en la India.
Las alarmas medicas y científicas saltaron, inmediatamente se dieron a la
tarea de la identificación y caracterización de dicha bacteria en hospitales alrededor
del mundo. La sorpresa: en una semana se reportó la presencia de la misma bacteria “Nueva Delhi” en otros sitios, inclusive algunos lejos de la India. La
indignación del gobierno Indio no se dejó
esperar y finalmente, aunque fue una descripción valida y útil, el uso del
nombre fue retractado. Así como en el caso de la bacteria Nueva Delhi, no
necesitamos ir al norte de África en busca del virus de la Fiebre Occidental del
Nilo; o, de igual manera, podemos contagiarnos
de la Fiebre de las Montañas Rocosas en el corregimiento de Tobia (departamento
de Cundinamarca) a dos horas de Bogotá y sin necesidad de visa.
Actualmente en
ciertas partes del mundo hay brotes de enfermedades infecciosas que amenazan la
salud global, especialmente de los niños, y contra las cuales existen vacunas. Una de las razones para estos brotes es la tendencia
a no vacunar, según algunos dada la “poca evidencia sobre la seguridad de las
vacunas”; sin embargo, se usa la no-vacunación como arma de guerra. En Nigeria,
Siria y Afganistán, los grupos insurgentes no permiten vacunar contra la poliomielitis a ciertas etnias, combatiendo las poblaciones con armas biológicas naturales.
Con la movilidad
humana se mueven las enfermedades; por ejemplo, procedente de África llegó a
Brasil un barco que trajo Anopheles
gambiae, el temible vector de la malaria en ese continente, que casi se disemina por la selva de aquel
país. Éste, a diferencia del tigre asiático (Aedes Albopictus), no se pudo radicar en estas tierras. Sin embargo, transportado en aviones
produce brotes de malaria entre maleteros en los aeropuertos de Londres, París
y Ámsterdam.
Así fue como el
tráfico de osos perezosos como mascotas, nos trajo la Leishmania guyanesis desde la amazonia hasta los pueblos cafeteros
de la región andina, donde produce leishmaniosis cutánea en sus habitantes. A
pesar de todos estos antecedentes, la frase mas usada en geopolítica médica a
nivel local es “eso en Colombia no existe”. Se trasmite filaríais linfática y
esquistosomiasis intestinal en los llanos venezolanos y la amazonia brasileña,
pero no en Colombia; estamos rodeados de países con triquinosis, trasmitida por
carne de cerdo, pero, supuestamente, no la tenemos Colombia. Como si un gran
Muro de Adriano nos protegiera de la llegada de estas enfermedades. Estudios hechos
en Panamá muestran la presencia de diversos virus productores de encefalitis en
humanos en la frontera del istmo con Colombia, pero parece que el “tapón del Darién” es lo suficientemente
eficaz como para bloquear la entrada de estos agentes virales a nuestro país.
Por estas razones
vale la pena, desde el punto de la geopolítica médica, traer la pregunta que
siempre surge en los debates sobre
educación médica en Colombia ¿Y cuál es
el médico que el país necesita?
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