La colección de bacterias y hongos que
poseemos en el cuerpo recibe el nombre de
microbiota. Ésta simbiosis entre microorganismo y humanos es
indispensable para el buen funcionamiento de
órganos y sistemas como la piel o el tracto digestivo, además mantiene el tono de la respuesta
inmune. Los ratones de laboratorio criados totalmente libres de gérmenes son
altamente susceptibles a las infecciones, cuando se exponen a microorganismos,
y a otras enfermedades no infecciosas. Cada persona tiene su propia microbiota,
la cual puede diferir entre zonas corporales. Por ejemplo, la microbiota de la
mano derecha es diferente a la de la mano izquierda. La colección completa de microorganismos o el
microbioma humano son tan específicos que pueden ser usados para rastrear el
camino que coge una bacteria patógena en un hospital o quién se contaminó por un
determinado paciente infectado. En el futuro, el microbioma humano, será usado
con fines forenses, así que cuidado con sus huellas y sus bacterias, la evidencia
podrían ser las suyas. Sin embargo, existe susceptibilidad individual a los
microorganismos, por eso, lo que es normal para una persona podría producir
enfermedades infecciosas en otros.
Se cree que con la edad nos volvemos
inmunes o resistentes a ciertas enfermedades infecciones, pero la realidad es
que no a todas. Al crecer, nos volvemos más escrupulosos y selectivos. En
consecuencia, ya no compartimos los pimpones llenos de secreciones corporales como
en el kínder, ni repartimos chupadas de paletas como en la escuela, ni se
intercambian uniformes sudorosos después de los juegos como en el colegio, y
tampoco comemos en cualquier esquina como en la Universidad, cuando el presupuesto
sólo alcanzaba para el andenazo o el caldo de olla.
En fin, es bueno recordar algunos consejos
para tener una vida microbiológica menos expuesta, por lo tanto aquí van
algunas recomendaciones sobre asepsia y antisepsia diaria, lo que llamaré “consepsia”:
Lavarse las manos es considerada como la
primera y más importante medida de salud pública en toda la historia de la
medicina; así que el primer acto al levantarse y después de una noche de rascado
inconsciente, es lavarse las manos sin olvidar el cepillo para las uñas.
Inhibirse de la papa rellena, la empanada
o el pastel de yuca en vitrina con bombillo, que es una perfecta incubadora
para las bacterias y la producción de toxinas bacteriana. La “moztaguacaneza” acompañante,
o esa mezcla interesante de salsa diluida en agua, en su contendor de plástico y tocado por muchos. Enfriada en la noche y temperada
nuevamente al día siguiente, cuyo “refill” se hace diario, se ha preguntado ¿cuántas
veces habrán lavado la botellita hasta el
fondo? Sume: una barra de salsas, abierta y sin protector superior. Una
deliciosa colección de medios de cultivo, expuestos para el aislamiento de todo
tipo de gérmenes que provienen de las personas que hablan y mastican encima de
estos mientras se sirven las porciones.
¿Ha lavado usted la tabla y el cuchillo o,
más bien, desinfectado estos elementos de cocina después de cortar la carne y
antes de preparar las verduras crudas para la ensalada o partir las naranjas
para el jugo? El cuchillo es un vector
mecánico de agentes infecciosos encontrados en alimentos crudos.
Y, finalmente, aprendí cuál era la función
de la tapa de la taza del inodoro, además
de servir de soporte para el adorno felpudo de colores vivos. En una
sustentación de tesis sobre microbiología oral, me sorprendió cómo en pacientes
con enfermedad periodontal avanzada había una alta frecuencia bacterias no
habituales en la boca, pero si en materia fecal humana. Obviamente pregunte por
el origen de estas bacterias; la repuesta fue aún más sorprendente: del cepillo
de dientes, replicó el doctorando. Pues bien, el cepillo de dientes está en el
mismo sitio del sanitario o baño. En consecuencia al vaciar el agua del tanque
se producen aerosoles que terminan en muchas partes y elementos cercanos. Por
eso baje la tapa, hágalo con mucha consepsia.
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