miércoles, 13 de mayo de 2015

Las vacunas panacea

Siempre me ha llamado la atención la forma de comercializar algunas vacunas de uso humano en el mercado colombiano, como, por ejemplo, la vacuna contra la gripa, la vacuna contra la neumonía o la vacuna contra la meningitis.  A pesar de la polémica poco fundamentada del potencial peligro de la vacunación, no nos podemos imaginar un mundo sin la erradicación de la viruela o sin vacunación contra la poliomielitis. Sin embargo, algunas de estas vacunas no son contra la enfermedad, sino contra uno de los agentes productores de la infección. Veamos, la vacuna de la neumonía es para  algunos de los noventa serotipos o variedades existentes de la bacteria Streptococcus pneumoniae; si bien es una de las principales causantes de esta infección pulmonar, no es el único. Además la vacuna que se usa en Colombia solo protege de siete de sus variedades. Igual pasa con la vacuna contra Neisseria meningitidis, una de las múltiples bacterias causante de las meningitis. Si una madre vacuna a su hijo contra la meningitis, esperaría que no le dé, pero muchos otros agentes (virus, bacterias y hongos) producen la misma infección cerebral.  ¿Qué explicación se le daría a una madre con un hijo vacunado  con una meningitis producida por otro microorganismo?

En cuanto a la vacuna contra la influenza es aún más complicada, ya que se comercializa como la vacuna contra la gripa. Existen más de 100 tipos virus y sus respectivas variedades que pueden causar gripa o síntomas gripales. De todos es conocido el comentario de la tía o a la mamá que les da más gripa cuando se vacunan contra ésta.

La forma como se  selecciona  anualmente la vacuna contra la influenza está basada en la vigilancia epidemiológica de la infección en los países industrializados. La transmisión del virus de la influenza está asociada a las estaciones climáticas, siendo más común en invierno y en otoño. Cada año se identifican las tres variedades más comunes circulantes y con estas se hace la vacuna del próximo año, obviamente es una vacuna específica para cada país. Siempre me pregunto qué harán con el resto de las vacunas producidas anualmente, imagino que es la que nosotros recibimos. La influenza es una enfermedad grave y de alta mortalidad en niños menores de 5 años y en adultos mayores  de 65, no obstante la vacunación debe ser hecha con base en datos reales y no con las sobras restantes de vacunas provenientes de otros países.

Siempre hago un ejercicio en clase, en donde para dar respuesta  a las preguntas se  deja la mano levantada ¿Cuántas personas están vacunadas contra la gripa? ¿Cuántas personas tienen la vacuna contra la influenza? ¿Contra qué variedades del virus de la influenza se vacunó este año? y ¿Cuántas personas saben cuáles son las variedades del virus de influenza que circulan este año en Colombia? Como podrán deducir, al final no quedan manos levantadas. La pregunta valida es entonces para qué nos vacunamos contra la gripa.

Al igual es bueno recordar que además de la vacuna contra la influenza está el cuidado personal, la higiene y la cultura ciudadana: incubar la gripa en casa, poner atención al estornudar y lavarse las manos.  Y como digo jocosamente, en Bogotá la gripa si es estacional, sí señor,  se trasmite por estornudos maleducados en las estaciones de Transmilenio.

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miércoles, 6 de mayo de 2015

Promediando

Los humanos funcionamos por ciertas reglas generales; ya, desde el punto de vista morfológico mediante la formación de órganos, hasta  las  reacciones bioquímicas y  las actividades fisiológicas que se llevan a cabo en el organismo. Estas funciones se agrupan en sistemas (cardiovascular, respiratorio, etc.); del tal forma  que se mantiene la homeostasis corporal y por ende la vida en sí. A pesar nuestra  similitud, existen variaciones anatómicas y funcionales de las cuales muchas pueden ser catalogadas como “normalidad”. La palabra normal, en salud y medicina, está dada por los estudios poblacionales. En éstos, la presencia de una característica en los individuos permiten las agrupaciones a través de las medidas de tendencia central como la media (promedio) o la mediana. De esta forma podríamos decir que de acuerdo al color del iris hay poblaciones con ojos  negros, verdes, cafés o azules. En estos grupos  de colores encontraríamos la mayor parte de la población; entonces, los ojos violeta de Elizabeth Taylor ¿Serían anormales? Los seres humanos presentamos un alto grado de polimorfismo genético y fenotípico, entiendo el polimorfismo como las  variaciones encontrados en la naturaleza para cada gen que codifica por un rasgo específico. Es así como el gen que se asocia al  color de los ojos puede variar en los tonos dentro un mismo color. De la misma forma que tenemos diferencias obvias en la contextura del cuerpo  o la implantación del pelo,  también existen diferencias en la actividad celular y las funciones de las enzimas, entre muchos otros aspectos biológicos y moleculares. Las medidas estadísticas de tendencia central, sonde gran utilidad para conocer el comportamiento de una población, sin embargo podrían no ser tan ventajosas para evaluaciones individuales dado el alto polimorfismo genético y funcional.

Desde el punto de vista del genoma, hasta una variación de un  nucleótido, o las letras de la escritura en el genoma, se puede producir un cambio marcado en  alguna función e inclusive en la aparición de una enfermedad. Sin embargo, pueden existir muchas variaciones puntuales en un gen que codificado por una proteína (enzima u hormona) que permiten  una  función dentro del rango “normal. Si tomamos el ejemplo de una enzima X que se encarga de una función biológica en el cuerpo, esta puede tener variaciones en su secuencia  de aminoácidos o en su estructura, pero al final, su función es adecuada. A no ser que dicho cambio específico afecte una parte fundamental de su actividad, como el sitio donde se une el sustrato o el que cumple la función enzimática. Digamos que en población general, la enzima X tienen un rango normal entre 40 al 100% de su actividad. Sin embargo, en individuos con una función del 40% y sometidos a mayor demanda (ejercicio o estrés) se podría presentar deficiencia, lo que se traduciría en algún tipo de manifestación clínica o  en ocasiones enfermedad. En el  síndrome de Gilbert  existe una deficiencia  parcial de la enzima glucuronil-transferasa y los  individuos presentan un aumento transitorio en la bilirrubina sérica, visto como ictericia o coloración verdosa de la piel, pero esto solo se manifiesta bajo ciertas circunstancias como actividad física o consumo de medicamentos. Esta condición se considera benigna y  no necesita tratamiento

Estas diferencias “normales” son de gran importancia en la medicina, entre otros cosas en el diagnostico mediante pruebas de laboratorio y en la terapia personalizada. Los resultados de las pruebas de laboratorio deberían ser basados en valores regionales y locales, pero carecemos de datos de referencia para cualquier examen en el país. Igualmente, algunas personas pueden manejar valores por fuera de lo considerado como referencia. Así mismo, la medicina personalizada en el siglo XXI ya es un hecho, se conoce que las reacciones específicas a ciertos medicamentos son dadas por la genética de los individuos, además la nueva terapéutica de algunos tumores se basan en las  huellas individuales  que presentan las células tumorales encontradas en un individuo, llevando a tratamiento hechos a la medida del paciente y del tumor.

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