Siempre me ha llamado la atención la forma
de comercializar algunas vacunas de uso humano en el mercado colombiano, como,
por ejemplo, la vacuna contra la gripa, la vacuna contra la neumonía o la
vacuna contra la meningitis. A pesar de la
polémica poco fundamentada del potencial peligro de la vacunación, no nos
podemos imaginar un mundo sin la erradicación de la viruela o sin vacunación
contra la poliomielitis. Sin embargo, algunas de estas vacunas no son contra la
enfermedad, sino contra uno de los agentes productores de la infección. Veamos,
la vacuna de la neumonía es para algunos
de los noventa serotipos o variedades existentes de la bacteria Streptococcus pneumoniae; si bien es una
de las principales causantes de esta infección pulmonar, no es el único. Además
la vacuna que se usa en Colombia solo protege de siete de sus variedades. Igual
pasa con la vacuna contra Neisseria
meningitidis, una de las múltiples bacterias causante de las meningitis. Si
una madre vacuna a su hijo contra la meningitis, esperaría que no le dé, pero
muchos otros agentes (virus, bacterias y hongos) producen la misma infección
cerebral. ¿Qué explicación se le daría a
una madre con un hijo vacunado con una meningitis
producida por otro microorganismo?
En cuanto a la vacuna contra la influenza
es aún más complicada, ya que se comercializa como la vacuna contra la gripa.
Existen más de 100 tipos virus y sus respectivas variedades que pueden causar
gripa o síntomas gripales. De todos es conocido el comentario de la tía o a la
mamá que les da más gripa cuando se vacunan contra ésta.
La forma como se selecciona anualmente la vacuna contra la influenza está basada en la vigilancia epidemiológica de la infección en los países industrializados. La transmisión del virus de la influenza está asociada a las estaciones climáticas, siendo más común en invierno y en otoño. Cada año se identifican las tres variedades más comunes circulantes y con estas se hace la vacuna del próximo año, obviamente es una vacuna específica para cada país. Siempre me pregunto qué harán con el resto de las vacunas producidas anualmente, imagino que es la que nosotros recibimos. La influenza es una enfermedad grave y de alta mortalidad en niños menores de 5 años y en adultos mayores de 65, no obstante la vacunación debe ser hecha con base en datos reales y no con las sobras restantes de vacunas provenientes de otros países.
Siempre hago un ejercicio en clase, en
donde para dar respuesta a las preguntas
se deja la mano levantada ¿Cuántas
personas están vacunadas contra la gripa? ¿Cuántas personas tienen la vacuna
contra la influenza? ¿Contra qué variedades del virus de la influenza se vacunó
este año? y ¿Cuántas personas saben cuáles son las variedades del virus de
influenza que circulan este año en Colombia? Como podrán deducir, al final no
quedan manos levantadas. La pregunta valida es entonces para qué nos vacunamos
contra la gripa.
Al igual es bueno recordar que además de
la vacuna contra la influenza está el cuidado personal, la higiene y la cultura
ciudadana: incubar la gripa en casa, poner atención al estornudar y lavarse las manos. Y como digo jocosamente, en Bogotá la gripa si
es estacional, sí señor, se trasmite por estornudos maleducados en las
estaciones de Transmilenio.
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