Siempre me
ha llamado la atención la fisonomía de las personas que protagonizan los avisos
publicitarios en Colombia. Estas personas que aparecen en los comerciales de periódicos,
en las vallas, en la televisión y en los medios modernos digitales como YouTube,
son siempre muy blancos y muy rubios. Obviamente no representa nuestra población,
la cual cuenta con un alto porcentaje de mestizaje proveniente de diferentes y complejos grados de mezclas
raciales, asociado igualmente a las regiones geográficas del país. Contrastaría
con una publicidad más multiétnica y pluricultural, al menos como se trata de
disimular en los Estados Unidos, en donde además de la presencia de alguien
rubio, casi siempre hay un latino, un asiático y un afro-americano.
Los estudios
genéticos poblacionales para determinar el ancestro se basan en dos marcadores:
los genes maternos que se conservan en el ADN de las mitocondrias y los genes paternos preservados en el
cromosoma Y. Por estudios genéticos
y por la mera observación del fenotipo de las personas, se puede intuir la mezcla racial en Colombia contiene genes africanos, nativos americanos
y caucásicos. La mayoría de
colonizadores europeos que llegaron a las Nuevas Indias eran hombres y muy
pocas mujeres, por lo que el efecto fundador ancestral está basado al inicio y principalmente
en una “Eva amerindia” y un “Adán europeo”. Lo más probable es que este Adán
provenga del norte de España, de origen Vasco mezclado con judíos migrantes del antiguo Califato de Córdoba y convertidos forzosamente al catolicismo (o marranos), desde el fin del pacto de
convivencia o de la “Dihmma” y posterior a la conquista del sur España por Doña
Isabel I de Castilla, La Católica. Aunque se creía que los genes amerindios se
estaban diluyendo y casi desapareciendo por la pérdida de tribus aborígenes
completas, eufemismo para muchas cosas que les han sucedido, recientes estudios
genéticos han demostrado su conservación y distribución en todo el
territorio colombiano.
Al llegar los conquistadores y colonos, además de las
poblaciones nativas se encontraron con una nueva flora y fauna, y entre otras
cosas con las enfermedades tropicales como los parásitos; algunos propios del
continente como el protozoario productor de la enfermedad de Chagas o
tripanosomiasis americana, y con helmintos como las uncinarias. Los parásitos que
son muy comunes en todo el cinturón tropical del mundo están asociada a la
pobreza y malas condiciones higiénicas. Así lo demuestra un marcador económico denominado
el Índice Gusano: las poblaciones menos desarrolladas son las más afectadas por parasitosis
intestinales. Aunque esto sigue siendo un común denominador, no podemos olvidar
su fácil diseminación por la cada vez más creciente y rápida migración y porque algunos de estos parásitos
son cosmopolitas. Ejemplo de esto es la presencia de un brotes de parásitos
intestinales (Estrongiloidiasis) en
ciudades como Milán. Así que lombricientos
hay en todo partes del mundo.
Ambos términos, de mestizo y lombriciento, pueden ser usados
de forma peyorativa, pero estas condiciones humanas naturales tienen sus
ventajas y beneficios. La genética de los individuos en conjunto con la
exposición ambiental, son parte fundamental en el proceso salud/enfermedad. De
tal forma, los parásitos y ciertas características genéticas se asocian para
que aparezcan o se exacerben enfermedades como las alergias y condiciones autoinmunes. Aunque en algunas poblaciones aborígenes
amerindias hay genes que se asocian a enfermedades, la mezcla con otras
poblaciones aportan genes que atenúan
o bloquean dicho efecto. Por esta razón se podría explicar el por qué algunas
enfermedades comunes en poblaciones caucásicas y negras son menos frecuentes en
poblaciones mestizas de América Latina. Como parte del ambiente, la exposición
a parásitos, principalmente intestinales, genera un tipo de respuesta de
defensa o inmune que ayuda a protegernos
de ciertas alergias y de algunas enfermedades
autoinmunes. Esto anteriormente conocido como la “teoría de la higiene”, se
sabe que además de la inmunidad, se
asocia con un cambio en la microbiota intestinal (población microbiana normal)
de las personas, la cual es inducida por
la presencia de los parásitos. Inclusive en la actualidad se llevan a cabo ensayos
clínicos con huevos de algunos helmintos intestinales como una forma de tratamiento
de enfermedades autoinmunes.
Así que el comentario de la abuelita era cierto “déjelo que
coma tierra para que coja defensas”; ya que muchos de los huevos de helminto intestinales se
incuban en la tierra y son ingeridos por los humanos para continuar su ciclo y
desarrollarse como gusanos adultos en el intestino.
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Gracias a mi editor Luis Fernando González
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