jueves, 18 de junio de 2015

Mestizo y lombriciento

Siempre me ha llamado la atención la fisonomía de las personas que protagonizan los avisos publicitarios en Colombia. Estas personas que aparecen en los comerciales de periódicos, en las vallas, en la televisión y en los medios modernos digitales como YouTube, son siempre muy blancos y muy rubios. Obviamente no representa nuestra población, la cual cuenta con un alto porcentaje de mestizaje proveniente de diferentes y complejos grados de mezclas raciales, asociado igualmente a las regiones geográficas del país. Contrastaría con una publicidad más multiétnica y pluricultural, al menos como se trata de disimular en los Estados Unidos, en donde además de la presencia de alguien rubio, casi siempre hay un latino, un asiático y un afro-americano.

Los estudios genéticos poblacionales para determinar el ancestro se basan en dos marcadores: los genes maternos que se conservan en el ADN de las mitocondrias y  los genes paternos preservados en el cromosoma Y. Por estudios genéticos y por la mera observación del fenotipo de las personas, se puede intuir  la mezcla racial en Colombia contiene genes africanos, nativos americanos y caucásicos. La mayoría  de colonizadores europeos que llegaron a las Nuevas Indias eran hombres y muy pocas mujeres, por lo que el efecto fundador ancestral está basado al inicio y principalmente en una “Eva amerindia” y un “Adán europeo”. Lo más probable es que este Adán provenga del norte de España, de origen Vasco mezclado con judíos  migrantes del antiguo Califato de Córdoba y convertidos forzosamente  al catolicismo  (o marranos), desde el fin del pacto de convivencia o de la “Dihmma” y posterior a la conquista del sur España por Doña Isabel I de Castilla, La Católica. Aunque se creía que los genes amerindios se estaban diluyendo y casi desapareciendo por la pérdida de tribus aborígenes completas, eufemismo para muchas cosas que les han sucedido, recientes estudios genéticos han demostrado su conservación y distribución en todo el territorio  colombiano.

Al llegar los conquistadores y colonos, además de las poblaciones nativas se encontraron con una nueva flora y fauna, y entre otras cosas con las enfermedades tropicales como los parásitos; algunos propios del continente como el protozoario productor de la enfermedad de Chagas o tripanosomiasis americana, y con helmintos como las uncinarias. Los parásitos que son muy comunes en todo el cinturón tropical del mundo están asociada a la pobreza y malas condiciones higiénicas. Así lo demuestra un marcador económico denominado el Índice Gusano: las poblaciones menos desarrolladas son las más afectadas por parasitosis intestinales. Aunque esto sigue siendo un común denominador, no podemos olvidar su fácil diseminación por la cada vez más creciente y rápida migración y porque algunos de estos parásitos son cosmopolitas. Ejemplo de esto es la presencia de un brotes de parásitos intestinales (Estrongiloidiasis) en ciudades como Milán.  Así que lombricientos hay en todo partes del mundo.

Ambos términos, de mestizo y lombriciento, pueden ser usados de forma peyorativa, pero estas condiciones humanas naturales tienen sus ventajas y beneficios. La genética de los individuos en conjunto con la exposición ambiental, son parte fundamental en el proceso salud/enfermedad. De tal forma, los parásitos y ciertas características genéticas se asocian para que aparezcan o se exacerben enfermedades como las alergias y condiciones autoinmunes. Aunque en algunas poblaciones aborígenes amerindias hay genes que se asocian a enfermedades, la mezcla con otras poblaciones  aportan genes que atenúan o bloquean dicho efecto. Por esta razón se podría explicar el por qué algunas enfermedades comunes en poblaciones caucásicas y negras son menos frecuentes en poblaciones mestizas de América Latina. Como parte del ambiente, la exposición a parásitos, principalmente intestinales, genera un tipo de respuesta de defensa o  inmune que ayuda a protegernos de ciertas alergias y de algunas enfermedades autoinmunes. Esto anteriormente conocido como la “teoría de la higiene”, se sabe que además de la inmunidad,  se asocia con un cambio en la microbiota intestinal (población microbiana normal) de las personas, la cual es  inducida por la presencia de los parásitos. Inclusive en la actualidad se llevan a cabo ensayos clínicos con huevos de algunos helmintos intestinales como una forma de tratamiento de enfermedades autoinmunes. 

Así que el comentario de la abuelita era cierto “déjelo que coma tierra para que coja defensas”; ya que muchos de  los huevos de helminto intestinales se incuban en la tierra y son ingeridos por los humanos para continuar su ciclo y desarrollarse como gusanos adultos en el intestino.

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Gracias a mi editor Luis Fernando González



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