Muchos extrañamos los programas de salud
verticales como los de control de enfermedades trasmitidas por mosquitos (o
vectores), así como lo fue el famoso SEM o Servicio de Erradicación de la malaria.
Este programa de salud pública era dirigido desde la capital del país y tenía
seccionales en todo el territorio nacional, especialmente en regiones donde la
enfermedad era (es) más común. El referido programa estaba dirigido al control
y prevención de una sola enfermedad: la malaria o el paludismo. Esta enfermedad
tropical es producida por parásitos del género Plasmodium y transmitida por hembras de mosquitos llamados Anopheles. La malaria sigue siendo un
grave problema de salud y de mortalidad en los países tropicales.
Una vez se acabaron los programas
verticales y se le dio la potestad a los territorios nacionales (departamentos)
el programa de erradicación de la malaria quedó acéfalo, y en la actualidad algunos
hacen su trabajo bien hecho, pero
otros lo que pueden o lo que quieren.
Por tal razón estas enfermedades tropicales son un vaivén en las estadísticas
de salud de Colombia donde predomina el sub-registro y el poco o mal diagnóstico.
Eso sí, la prevalencia de malaria en los últimos años ha sido usada como caballo de batalla de
datos para mostrar su disminución en Colombia; pero cuidado, esta disminución
ha sido inexplicable y ha ocurrido lo mismo en todas las regiones del mundo donde
se trasmite y no porque existe un programa nacional de salud pública para su
control.
Las enfermedades transmitidas por vectores
también incluyen las muy de moda en nuestro país y que cuenta con la intervención
de zancudas del género Aedes. Digo en
plural porque antes solo contábamos con el Aedes
aegypti, pero nos llegó del Asia una más temible, Aedes albopictus que ya invadió toda América Latina y algunas zonas
del sur de Norte América. Dentro de las enfermedades que trasmiten están el dengue,
el chikunguña, la fiebre amarilla y el virus del zika. Una de estas
enfermedades cuenta con vacuna (fiebre amarilla) y una segunda vacuna (dengue) está
en proceso de aprobación para uso masivo en algunos países. Para las otras dos
no existe vacuna por el momento. Con el dengue nunca se ha podido, a pesar de
campañas de fumigación en algunos municipios, de la intervención y educación de
la comunidad para control de los sitios de criadero de mosquito. Este accionar no es algo momentáneo o
mediático, pues se necesita un proceso continuo que involucre el gobierno, los
medios de comunicación y la comunidad, pero como siempre, son solo medidas
apaga incendios y usualmente en regiones donde hay interés gubernamental,
académico e investigativo. Por estas razones fue que nos invadieron y
rápidamente nos conquistaron el chikunguña y el zika, porque ahí estaba la
población vulnerable no expuesta y sin inmunidad específica contra estos virus,
además de mosquitos multiplicándose rampantemente. Solo nos sentamos a ver desfilar dichas
enfermedades, ya que nos dijeron que era como un dengue, pero más leve. Dicho comentario
probablemente hecho por alguien que no la padeció, porque estas si son
verdaderas fiebres quiebra-huesos, muy incapacitantes en su cuadro agudo y con
secuelas a largo plazo. Dolor articular y artritis en un 40% en la convalecencia por chikunguña, como el caso
del este servidor, y la microcefalia
(cabeza pequeña) en niños nacidos de madres infectadas con el virus de zika
durante su embarazo. También se sugiere que el virus de zika podría estar
asociado a la presentación de casos del síndrome de Guillian-Barré, una
perversa enfermedad que compromete los nervios periféricos dando parálisis de
los músculos desde los miembros inferiores hasta inclusive el diafragma, lo que
daría muerte por parálisis respiratorio.
Existen muchos otros virus que como éstos
estaban recluidos en nichos ecológicos específicos regados por todo el mundo,
bautizados con nombres propios de sus zonas geográficas, pero la modernización
y la globalización los sacará de sus escondites y nos los traerá, solo que no
podemos quedarnos viendo pasar el desfile de nuevos nombres y enfermedades que llegarán
al país, sin tomar las medidas por parte de conocedores y especialistas en el
tema, para así planear su prevención o su atenuación una vez se establezcan.
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