martes, 10 de noviembre de 2015

Aeropuerto La Nubia: anuncia.

Cada vez que el altavoz suena en la exigua sala de espera del aeropuerto la Nubia de Manizales, a uno se le paran los pelos. Lo optimistas pensamos que el vuelo se aplazará unos minutos o un par de horas, los pesimista gimen cruzando los dedos, y los conocedores saben que si el volcán emite cenizas o se posa la nube al frente del hueco, entre la montaña por donde pasaría el avión una vez éste despegue, el vuelo se cancela. Escenas de pánico, amotinamiento y protesta se han visto. Otros hacemos un escape silencioso y  rápido hacia los aeropuertos de Pereira o Armenia.

La experiencia de volar a la Nubia la conozco desde hace décadas. Para un novato volar en avión de hélices, entre cordilleras y con aproximación visual, cosa que no saben,  sería una experiencia extrema; algo así como clavarse desde los 10 mil metros entre nubes, ver las montañas tan cercanas, la curvilínea ciudad de Manizales chorreándose por ambos lados desde la carrera 23, las maniobras para esquivar el morro de Sancancio, sacar el tren de aterrizaje sobre los tejados para terminar en la corta, pero reglamentaria, pista del barrio la Enea en Manizales con una frenada en seco para devolverse a la llegada. Amamos la llegada a Manizales y la pericia de los pilotos, cuenta de esto lo dan las estadísticas.

Siempre reservo el lado izquierdo del avión para ver la casa de mi hermano en el conjunto de viviendas aledaño antes de aterrizar, el detalle es increíble: el parasol de la entrada, las plantas ornamentales, la ventana de la  alcoba principal. Nunca he podido tomar una foto dada la velocidad de la entrada a la pista, pero lo seguiré intentando.

En el aeropuerto la Nubia no hay navegación automática, la aproximación es visual y  guiada por los controladores aéreos, por eso no se puede aterrizar de noche y el último avión sale porque sale a la capital antes de las 7 p.m. Entre los lugareños al aeropuerto se  le conoce como “Salsipuedes”, famoso por sus cierres, cancelaciones y las derivaciones de los vuelos hacia aeropuertos cercanos, todo dado por las dificultades climáticas y de naturaleza cercana, como el Nevado el Ruiz. Súmele que hace un mes un avión no pudo aterrizar en Manizales porque el controlador aéreo estaba desayunando, solo había uno, el otro estaba en curso; el avión se devolvió a Bogotá. Igualmente desespera el abordaje lento, todos sabemos que el cielo frente al aeropuerto se tapa con el soplido de un lobo y a veces la diferencia entre arrancar o no es de segundos o minutos, antes que la nube se pose en el horizonte. Los que sabemos tratamos de abordar rápido y ligeros de equipaje.

Manizales esta en la punta de las montañas, pero los valles del río Chinchiná y  del río Cauca están a menos de treinta minutos de la ciudad: planos, despejados y abiertos.  Y les dio por hacer un intento de aeropuerto entre las montañas de un pueblo cercano Palestina-Caldas: el aeropuerto del Café. Una década de dineros malgastados y un proyecto paralizado. Aroma de café si tenía porque estaba entre cafetales, pero inviable según  los verdaderos expertos.

Los invito a Manizales, vuelen a esta encantadora ciudad, pero lleven un par de mudas de ropa extra; porque por ahora seguiremos escuchando y alistando nuestras glándulas adrenales y sudoríparas por muchos años más cuando en el altavoz de nuevo se sienta: el aeropuerto La Nubia anuncia……


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