miércoles, 31 de julio de 2019

El pequeño gran mundo de la microbiota humana

Una de las frases más comunes de las abuelitas y las mamás de ayer era con respecto al contacto con animales o tierra cuando éramos niños: “déjelo que coja defensas”. Sabias palabras, sin conocer que los microrganismos que hoy conocemos en conjunto como la microbiota (bacterias, hongos, parásitos, etc.) son parte fundamental del cuerpo humano, ya que son necesarios para su función y defensa. En la actualidad se ha descrito presencia de bacterias en partes donde ni siquiera esperamos que existiera, como la placenta o el líquido amniótico, este último caso el lugar más estéril que pudiéramos esperar, aunque su función en este compartimiento no es conocida. Después de nacer por parto natural empezamos a ser colonizados por las bacterias y después de seis horas ya las tenemos en el tracto digestivo, en donde nos van ayudar a ser un puente de interacción entre el ambiente y el sistema de defensa del cuerpo. Aunque existe microbiota en muchos órganos, la más estudiada ha sido el microbiota intestinal. Se sabe que existen más de 2.000 tipos diferentes en el cuerpo humano y más de 400 tipos de bacterias en el intestino, las cuales nos ayudan a mantener el equilibrio entre el sistema digestivo y el resto del cuerpo. Estas bacterias son indispensables para procesos como el mantenimiento de la mucosa intestinal, evitar el sobrecrecimiento o la invasión de bacterias mas agresivas y los más sorpréndete, enviar señales a órganos alejados como el cerebro, en una interacción denominada eje intestino-cerebro. 

La alteración microbiota se conoce como disbiosis, definida como el desequilibrio en su composición, y asociada con diferentes enfermedades desde comportamentales, alergias, autoinmunes, cáncer e inflamatorias. Pero, ¿Cómo influencia la presencia de bacterias intestinales el resto del cuerpo? La microbiota participa procesando los alimentos; productos de las bacterias mantienen activo el sistema inmune digestivo y, también, envía e inducen señales de defensa a otros órganos distantes. En años recientes, se ha implementado experimentalmente el trasplante de materia fecal para el tratamiento de la disbiosis; sin embargo, en ocasiones este implante de materia fecal con bacterias de otras personas, puede inducir enfermedad grave e inclusive muerte en la persona que ha recibido el trasplante. Esto debido a que los patrones del microbiota parecen ser tan individuales como el polimorfismo o variabilidad misma del individuo, una firma de identidad personal. Quiere decir que implantando una bacteria que no hace parte de la microbiota de una persona podría poner en riesgo su salud. No obstante, dado al avance la biología molecular, ya podemos conocer la composición de la microbiota. Imaginen tener las características de la microbiota después de nacer y en ciertas etapas de la vida, y esta “microbiota normal”, podría ser usada cuando se presente disbiosos o enfermedad asociada, ¿Podríamos mejorar nuestra salud al recuperar la microbiota “normal”? Estará por verse. 

Uno de los temas mas interesantes es la interacción de la microbiota con los medicamentos. Estudios recientes en modelos animales demostraron que más de un 50% de los medicamentos probados con diferentes tipos de bacterias presentan alguna modificación o subproductos. La pregunta obvia es ¿Funciona igual un medicamento modificado? ¿Qué hacen los subproductos de estos medicamentos en el cuerpo? Nos enfrentamos a un dilema médico, ya que los medicamentos no funcionarían de la misma forma en todas las personas dadas las modificaciones hechas por la microbiota intestinal. Solo piensen en ese medicamento que nos prescribieron y no tuvo su efecto o presentó una reacción extraña que se sale de todos los patrones descritos. 

Y lo que hacemos los humanos es alterar la composición de nuestro microbiota; desde un niño que su único contacto con el mundo es el controlador del juego de consolas, pasando por la obsesión con los desinfectantes antibacterianos para el cuerpo, hasta el uso masivo de antibióticos o la comida ultra procesada. Y no se necesita una receta médica, los antibióticos pueden estar en los productos de origen animal que consumimos a diario. Igualmente, el consumo de los azucares de cadena corta que han remplazado los azucares complejos, los de cadena corta nos son útiles para el mantenimiento de las bacterias intestinales. Así que tenemos que volver a las fuentes alimentarias primarias, como la papa, la yuca el maíz, entre otros. Los mismos alimentos que recibíamos de nuestras abuelas.

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