miércoles, 24 de noviembre de 2021

La vacuna contra Covid-19 y los menores de edad

Como el virus del SARS-CoV-2 no se ha erradicado, su control y dinámicas generan cada vez nuevos elementos y razones para tener en cuenta, en este caso tres relacionados con los menores de edad:

Los menores y la exposición al virus

Mucha, pero mucha publicidad y desinformación ha suscitado el proceso de vacunación contra Covid-19 en niños y niñas de 3 a 11 años, en el marco del Plan Nacional de Vacunación en Colombia. Los menores de edad no han sido las personas más afectadas por enfermedad, ya sea enfermedad moderada, severa o complicaciones de Covid-19; sin embargo, lo cierto es que un porcentaje no despreciable se enferman y fallecen a causa de esta. En las ultimas semanas, dado muy probablemente a los altos porcentajes de vacunación contra Covid-19 en algunos países y la apertura de sistema educativo, han incrementado los casos de infección por SARS-CoV-2 en menores, llegando a ser hasta cerca de un 25% de los nuevos casos reportados.

En nuestro contexto cultural, debido a la forma de socialización de la familia colombiana, la interacción de niños con adultos mayores es contante.  Los infantes pueden estar a cargo o son cuidados por familiares quienes son más susceptibles a complicaciones ya sea por edad o por presencia de enfermedades asociados. Los adultos mayores también representan un riesgo a pesar de estar vacunados, dado el envejecimiento del sistema inmune, por lo cual la respuesta a las vacunas no podría ser la esperada o pueden presentar disminución de la inmunidad en el tiempo, razón por la cual están siendo llamados para la aplicación de una dosis de refuerzo de la vacuna.

El Covid y el componente genético

Del componente genético humano asociado a la enfermedad sabemos poco. Grandes estudios con la colaboración de muchos grupos de investigación y hospitales alrededor del mundo han ayudado a entender la relación entre algunos genes con la susceptibilidad a la infección o la presencia de complicaciones de esta.  Con la secuenciación del genoma humano de personas infectadas con distintos niveles de la enfermedad se ha demostrado que algunos genes de factores solubles producidos por a inmunidad (innata) inicial contra las infecciones virales, pueden tener alteraciones que llevan al no buen control inicial de la infección por SARS-CoV-2. De forma interesante, estos hallazgos se hicieron en personas que previamente no habían demostrado alguna alteración de la inmunidad. En contraste, algunas personas con Covid-19 severo presentan activación de genes asociados a factores inflamatorios que pueden llevar a las complicaciones pulmonares de la enfermedad. Infortunadamente, no podemos predecir quienes estaría vinculados particularmente a algunos de estos tipos de enfermedad.

La vacuna escogida

En Colombia es la vacuna de virus inactivado o muerto de Sinovac: CoronaVac. Este tipo de vacunas, su producción y su acompañante son usados ya hace décadas para inmunización humana, como el caso de las vacunas contra hepatitis A, poliomielitis y contra el virus de la influenza que son producidas con esta tecnología. En estudios en varios países esta vacuna ha demostrado un alto perfil de seguridad en niños, presentándose en la mayoría de casos efectos adversos leves. Ya distintos países de Asia y América latina aplican esta vacuna a menores de edad. Aunque todavía no se tienen los resultados del estudio de la eficacia de la vacuna en niños, estos están en proceso, pero millones de adultos han sido vacunados alrededor del mundo demostrando sus bondades. Aunque la inmunidad en niños puede diferir por algunas características de los adultos, no se espera el resultado de la vacunación sea muy diferente. Ya se sabe que en esta población la vacuna induce anticuerpos y células especificas contra el virus que son parte de la respuesta inmune.

Por último, queda por decir que la pandemia ha sido todo un reto en la toma de decisiones de salud pública, algunas de ellas a contratiempo y con base en la evidencia existente con el fin de cortarle el paso a la diseminación del virus.

John M. González MD, PhD

Profesor Titular - Facultad de Medicina

Universidad de los Andes

© Derechos reservados del autor

 


viernes, 9 de julio de 2021

¿Dudas sobre vacunarse? Lecciones de la Historia para recuperar la confianza

Publicado en El Espectador junio 8 de 2021

 Las vacunas que se están aplicando en Colombia son seguras y efectivas.

https://www.elespectador.com/salud/dudas-sobre-vacunarse-lecciones-de-la-historia-para-recuperar-la-confianza/

Si en algún momento ha dudado si aplicarse o no las vacunas contra el COVID-19, hay muchas razones históricas que demuestran su gran importancia.

A pesar de los avances de la ciencia y pese a la implementación de una vacuna contra el COVID-19 en menos de un año, además de su aplicación masiva a nivel mundial, continúan existiendo dificultades en la aceptación de la vacuna en algunas personas. ¿Por qué persisten los temores y las dudas sobre la vacuna si hay muchas razones, a lo largo de la historia, para confiar en ellas?

Antes del siglo XVIII ya se conocía que la viruela producía graves lesiones en la piel, pero lo que más preocupaba entonces a los padres de las mujeres en edad de casamiento eran las vesículas y pústulas que aparecían en la cara. Importada, probablemente de la China al Imperio Otomano (hoy Turquía), se usaba la inoculación de la piel de las personas que no había padecido viruela con el líquido proveniente de las lesiones de viruela con el fin de “protegerlas” de la enfermedad y evitar la presencia de las lesiones cutáneas.

Cerca de 1727 este método fue importado y usado en Inglaterra por Lady Mary Wortley Montagu, quien fue la esposa del embajador inglés ante el Imperio Otomano. Esto ocurrió mucho antes del desarrollo de la primera vacuna para la enfermedad que ella misma había sufrido y que había causado el fallecimiento de su hermano. Estos antecedentes la llevaron a practicar la inoculación del líquido de vesículas de enfermos de viruela a sus propios hijos e, inclusive, a los hijos de la Princesa de Gales.

La iglesia anglicana se opuso a dicho procedimiento, el cual quedó olvidado por décadas hasta los estudios observacionales del médico inglés Edward Jenner, quien describió la primera vacuna contra la viruela en 1796; no obstante, el tipo de inoculación usada por doctor Jenner fue diferente. Identificó lesiones de viruela en las manos de las ordeñadoras de vacas que estaban en contacto con el ganado que tenía viruela.

Sin ningún conocimiento moderno, el doctor Jenner no podía establecer que el virus de la viruela humana y el de la vaca causaban infección en especies diferentes, pero podía proteger de la viruela humana. El virus de las vacas (cowpox, en inglés) dio origen entonces al vocablo vacuna.

La publicación del artículo científico de Jenner fue realizada en 1798, pero sin forma de difusión como en el caso de las modernas. La noticia tardó años en llegar a los diferentes continentes. Afortunadamente, no existían entonces las redes sociales o la comunicación masiva como para que se produjeran noticia falsas o verdades a medias; de lo contrario, la gente no se hubiera vacunado porque el biológico provenía de un animal y ante la falta de mantenimiento, por no haber refrigeración, el cultivo para multiplicar el agente vivo se hacían pasando el virus vacunal de un humano a otro humano.

Precisamente, la vacuna de la viruela llegó al llamado Nuevo Mundo gracias a la expedición del médico español Francisco Javier Balmis en 1803, la que arrancó del norte de España, llevando huérfanos no inmunes a la viruela a los cuales se les iba poniendo sucesivamente la vacuna. Esto garantizaba cargar la vacuna viva hasta llegar a Puerto Rico meses más tarde en 1804. Y así seguiría por casi toda América, llegando incluso a la Nueva Granada -hoy Colombia- hasta los confines del imperio en Filipinas.

Mucho ha pasado en más de dos siglos. Entre estas cosas, el desarrollo seguro de vacunas, con altos estándares, lo que garantiza que las vacunas no produzcan efectos nocivos graves en las personas y se pueden proteger de agentes infecciosos amenazadores como en este caso del virus SARS-CoV-2. Las vacunas de ARN mensajero han sido estudiadas desde 1993, mientras que las vacunas de adenovirus recombinante llevan más de dos décadas en su estudio, incluyendo ensayos de vacunación contra el virus de la inmunodeficiencia (VIH), los cuales no han sido tan exitosos como el caso actual. Ocho vacunas para COVID19 tienen autorización de uso de emergencia en muchos países.

Actualmente un tercio del planeta ha recibido al menos una dosis y no se ven los cuadros apocalípticos que han sido descritos falsamente en redes sociales; al contrario, ha ayudado a proteger millones de personas de enfermedad gravemente o del fallecimiento. Gracias a la ciencia y la investigación el desarrollo y aplicación han sido mucho más rápido y seguro como no antes descrito en la historia de la humanidad. Pero de manera paradójica nunca como ahora se cuestionó la eficacia o eficiencia, el método de producción, los eventos adversos de una vacuna teniendo más de 18 enfermedades infecciosas para las que hoy se cuenta con inmunización. Por eso mismo, no debería haber dilema entre vacunarse o no vacunarse. Sólo es posible controlar la pandemia si aceptamos vacunarnos.


miércoles, 28 de abril de 2021

¿Qué le pasa al cuerpo después de vacunarse?

 Publicado en El espectador abril 27 de 2021

https://www.elespectador.com/noticias/salud/que-le-pasa-al-cuerpo-despues-de-vacunarse/?fbclid=IwAR0eR_726BeU_ajVp632OpCOwlckRQPAxEjJQjYqKhjQud-torYK7yX3KO4

¿Qué le pasa al cuerpo después de vacunarse?

En Colombia, hasta el momento, se han aplicado vacunas de Pfizer, Astrazeneca y Sinovac.

En las últimas semanas ha habido una gran cantidad de información falsa sobre lo que sucede después de vacunarse. Un experto le explica qué pasa para que tenga absoluta tranquilidad cuando llegue su turno.

Mucho se especula si debo salir o no a exponerme a un potencial contagio por el virus SARS-COV-2 después de vacunarme contra el COVID-19. Bueno, les contaremos de una forma fácil qué pasa una vez nos inyectan con el biológico o vacuna. La vacuna tiene varios componentes como es el vehículo, un líquido para diluir; el adyuvante, que es el componente que protege a la vacuna de daños en los tejidos donde se inyecta; y, finalmente, la parte derivada del virus. El tercer componente señalado puede ser el virus completo inactivado, una proteína derivada del virus o un elemento que induce la producción de material genético viral (ARNm) o que la transporta (vector de adenovirus) dentro de la célula de la persona vacunada; este último elemento es el que finalmente es reconocido por el sistema inmune y contra el cual empezará a montar los mecanismos de defensa.

El principal componente vacunal es la proteína de espícula o proteína S derivada del virus SARS-CoV-2, excepto en las vacunas de virus completo inactivado donde la respuesta sería contra todos los componentes de la estructura del agente patógeno.

Ahora bien, la inmunidad se divide fundamentalmente en dos grandes áreas que son la inmunidad natural o innata y la inmunidad específica. La inmunidad natural es la que actúa en minutos u horas. De esta hacen parte células y componentes de la inflamación. A esta, le sigue la inmunidad que se adapta al agente infeccioso, de ahí su calificación de específica; usualmente toma días para ser desarrollada. Esta inmunidad está conformada por los linfocitos de los cuales tenemos dos tipos principales: los linfocitos B, que son los antecesores de las células productoras de anticuerpos, y los linfocitos T, que actúan directamente sobre las células infectadas o produciendo sustancias solubles necesarias para la eliminación del agente infeccioso.

Una vez la aguja penetra la piel se descarga el contenido en el tejido subcutáneo, lo que induce inflamación atrayendo células de la inmunidad natural que tienen capacidad de ingerir las partículas de la vacuna, fenómeno que ocurre en horas. Estas células conocidas como fagocitos toman el componente de la vacuna que son proteínas y lo procesan en pequeños fragmentos o péptidos que son cargados en una molécula que salen a la superficie de las células y lo presentan a los linfocitos T. Por lo tanto, después de la vacunación es común que usted puede tener efectos locales como inflamación y dolor en el sitio de inyección, porque es parte del proceso. Algunos presentan efectos más generales (denominados sistémicos) que puede ser algún grado de fiebre, malestar general y cansancio que son inducidos por moléculas inflamatorias producidas por el sistema inmune y que son liberadas en el torrente sanguíneo. En general, muchos de estos efectos no se presentarán más posterior a las 48 horas post-vacunación. Y apenas estamos en los dos primeros días.

Una parte de las células que cargan fragmentos de la vacuna alcanzan los nódulos linfáticos de la región cercana donde fue inyectada, usualmente el brazo izquierdo, y llegan a los nódulos axilares del mismo lado. Si por casualidad nota una inflación de los “ganglios” no se asuste, puede ser parte de la respuesta a la vacuna. Otra parte de la vacuna o las células que la ingirieron tendrá como función, en primer, lugar estimular los linfocitos B y, en segundo, hacer una presentación formal de la parte del virus a los linfocitos T; así los linfocitos quedan informados de la presencia de un virus y posteriormente estas células específicas y entrenadas para reconocer el virus se dividen varias veces para generar una descendencia con características similares.

Esa progenie de células entrenadas viaja posteriormente a la sangre para llegar a los tejidos. Estas células que tienen una baja “capacidad” de reconocer el virus original deben además recibir la información o “señal” para viajar hacia la vía respiratoria donde entrarán en contacto con el agente infeccioso. Este fenómeno se conoce como localización o direccionamiento. Los anticuerpos que neutralizarán el virus aparecerán entre los días 10 a 15 posterior a la inyección, pero no son tan abundantes y menos afines al virus. Con la segunda dosis, que varía dependiendo de la vacuna (3, 4 o 12 semanas) se repite la historia descrita, pero además de inducir linfocitos nuevos específicos de la vacuna, rescata los inducidos en la primera dosis aumentando su capacidad y la velocidad de respuesta cuando se encuentren con el virus.

Asimismo, se genera una memoria inmune, es decir células que recuerdan que vieron el agente infeccioso en el caso de una posible infección futura. Por estas razones es que usted debería cuidarse de forma similar una vez esté vacunado y continuar hasta recibir el esquema completo. La protección no es inducida de forma inmediata una vez puesta la vacuna, todo este gran proceso toma su tiempo.

*Profesor Titular - Facultad de Medicina-Universidad de los Andes

sábado, 27 de febrero de 2021

No hay ningún dilema: hay que seguir usando tapaboca

 Publicado en El Espectador 21 de febrero

En 2020 se exportaron más de US$43 millones en tapabocas. / Cortesía Lafayette

https://www.elespectador.com/noticias/salud/no-hay-ningun-dilema-hay-que-seguir-usando-tapabocas/

El uso de la mascarilla o tapabocas para procedimientos médicos se atribuyó al cirujano rumano Johann Von Mikulicz a finales del siglo XIX y hoy es una de las medidas más importantes para el control de la transmisión del virus SARS-CoV-2 y la enfermedad COVID-19. ¿Por qué?

Para sobrevivir un virus necesita una célula. En el caso del coronavirus estos se unen, invaden a las células de la vía respiratoria (nasofaringe). Allí se replica para producir más partículas virales, lo que permitirá continuar con su ciclo vital. La invasión del tejido respiratorio induce que haya una mayor secreción de moco, presencia de estornudo y tos, y, de esta manera, el microorganismo asegura su propagación pasando de persona a persona. Los coronavirus son de un tamaño microscópico, en promedio de 100 nanómetros, es decir, 10,000 veces más pequeño que la punta de alfiler. Al estornudar o toser las partículas virales salen en gotas de diferentes tamaños, unas 1.000 veces más grandes que el virus. Las secreciones que contienen el virus pueden entrar entonces en contacto de forma directa con la vía aérea de otras personas o contaminan objetos, los cuales podríamos tocar con las manos. La contaminación entonces se evita con el uso adecuado de la mascarilla facial, acompañado del distanciamiento y el lavado de manos.

El virus, al replicarse en las células, despierta los mecanismos de defensa o inmunidad. El primero es la inmunidad natural, la cual no necesita conocimiento previo del microorganismo para atacarlo. Esta inmunidad natural se “despierta” rápido, tanto como que son pocas horas posteriores a la infección y se compone principalmente de procesos inflamatorios y células que tienen la capacidad de ingerir microorganismos o partículas. Este evento inicial alerta que un agente invasor ha entrado al cuerpo. Como resultado se producen mediadores solubles que disparan la actividad de la inmunidad específica, la cual posteriormente reconocerá de forma directa el agente infeccioso e intentará eliminarlo.

En la inmunidad específica participan los anticuerpos y los linfocitos y se necesita al menos dos o tres días posteriores a la infección para empezar a ejercer su función. Si estamos en contacto con SARS-CoV-2 se generarán entonces anticuerpos y linfocitos que reconocerán de forma específica componentes del virus, generando así la denominada memoria inmune: se recordarán cada encuentro con este mismo virus. Sí, varios encuentros porque no será solamente una vez que lo veamos. Esta inmunidad de memoria no solo puede adquirirse con una infección natural, también a través de la vacunación. Si usted es vacunado contra SARS-CoV-2 y nunca ha sido infectado por el virus, entonces se inducirá esta respuesta específica; y si ha tenido previa exposición al virus se despertará esta memoria que actuará de forma más rápida y certera.

No importa si ha tenido infección previa o ha sido vacunado contra SARS-CoV-2; para despertar e inducir esta defensa de memoria es necesario que el virus entre al cuerpo y se replique nuevamente aunque por un tiempo más reducido. Y es probable que durante este periodo de incubación usted pueda transmitir el virus a otras personas o diseminarlo en una comunidad. Esta es la razón por la cual se debe seguir usando la mascarilla facial como medida de protección, lo cual ayudará a frenar la transmisión del virus hasta tanto tengamos un alto porcentaje de la población vacunada. Si se ha demostrado por siglos su utilidad en los procedimientos médicos no se debe cuestionar el uso de la mascarilla durante este periodo de pandemia. No hay dilema: mascarilla o mascarilla.

*Profesor Titular Facultad de Medicina – Universidad de los Andes


domingo, 14 de febrero de 2021

Razones para no confiar en anuncios sobre medicamentos “exitosos”

Publicado en el Espectador febrero 3 del 2021

Muchos de los anuncios están basado solo en ensayos iniciales "in vitro".

https://www.elespectador.com/noticias/salud/razones-para-no-confiar-en-anuncios-sobre-medicamentos-exitosos/

 Mucho se ha especulado sobre los medicamentos para combatir el virus SARS-CoV-2 y la enfermedad Covid-19; cada nuevo hallazgo es interpretado como algo de potencial uso inmediato para el tratamiento de la infección. Muchos de estos resultados que se promociona en las redes y los medios de comunicación son originados en ensayo iniciales in vitro, del latín “dentro del vidrio”, para referirse a ensayos experimentales de laboratorio. Estos son experimentos básicos, muy importantes y necesarios se realizan principalmente en cultivos celulares, los cuales tienen condiciones controladas como las ambientales, los reactivos del cultivo y las concentraciones de medicamentos, entre otros.

En el cultivo celular se adaptan los agentes infecciosos para que estos se multipliquen y pueda ser estudiar como por ejemplo los coronavirus. Se determina la cantidad de virus que cause una infección que pueda ser detectable, pero sin daña del todo los cultivos celulares.  Una vez establecido el ciclo de crecimiento virus, se puede evaluar moléculas con potencial de alterar o inhibir el proceso infección. 

Muchas moléculas candidatas han sido previamente estudiadas con otros agentes infecciosos o obtenidas de bases de datos de posibles inhibidores, cuya actividad ha sido determinada por bioinformática. Las moléculas son estudiadas a diferentes concentraciones sobre el cultivo células infectadas, esto con el fin de determinar la de mejor capacidad inhibitoria y sin afectar la vitalidad de las células. No obstante, La situación es más compleja cuando se aplica en animales o humanos, ya que en este operan mucha más variables que las de un cultivo in vitro.

Es así que hemos visto desfilar moléculas candidatas para el tratamiento SARS-CoV-2 como la hidroxicloroquina o la ivermectina, los cuales fueron inicialmente publicitados ya que demostraron tener una actividad anti-viral in vitro ¿Qué pasa después de los estudios in vitro? Parte de los ensayos pre-clínicos se realizan en modelos animales, los cuales son un puente hacia el probable uso en humanos. En los animales se pueden estudiar variables como la disponibilidad de la molécula y su distribución en tejidos; además en algunos donde hay posibilidad usar el microrganismo, se evalúa el efecto directo sobre la infección. Dada la premura de la pandemia, muchos de estos compuestos pasaron rápidamente de los estudios in vitro a pruebas clínicas de humanos, especialmente medicamentos que ya eran usados para tratar otras enfermedades. En la actualidad, hay más de 4,500 estudios clínicos sobre tratamientos para Covid-19  registrados en la base de datos del Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos, incluidos 42 que se realizan en Colombia. 

Mucho de la información inicial se da por despachos de prensa de las instituciones de investigación o empresas farmacológicas. Pero los hallazgos científicos deber ser validados por pares expertos, cuyos resultados son evaluados en publicaciones científicas que son categorizadas de acuerdo al prestigio de cada revista. No obstante, en los últimos años ha aumentado el número de revistas de publicación rápida sin pares, pero si bajo ciertos estándares, denominadas pre-publicaciones o pre-prints. La idea detrás de estos pre-prints es diseminar rápidamente los hallazgos que pueden ser importantes o útiles, mucho antes de pasar por largo y dispendioso proceso de evaluación en revistas científicas.

No obstante, dada la velocidad con que se mueve la comunicación y el acceso libre a éstas, crea un frenesí dentro de la población que busca ansiosamente un tratamiento efectivo. Durante la difusión de esta información, en muchas ocasiones se cambia completamente sentido, dando originen a algo parecido como el “chat roto” en redes sociales. El problema radica en que la información es tomada como un hecho definido, a veces solamente basados en el títulos o resúmenes de la información. 

Es por lo tanto menester de docentes e investigadores de llevar a cabo dos acciones educativas: la enseñanza de la lectura crítica de artículos científicos en las universidades y diseminar este conocimiento en un lenguaje sencillo y amable para la comunidad general.  La recomendación entones es leer informaciones provenientes de fuentes creíbles y fidedignas.


 

lunes, 1 de febrero de 2021

¿Qué significan las variantes del coronavirus?

Publicado en El Tiempo

 Una enfermera administra a un paciente la vacuna de Pfizer-BioNTech contra el coronavirus, este sábado en Cannes (Francia).

https://www.eltiempo.com/vida/ciencia/que-significan-las-variantes-del-coronavirus-562964

En estos días estamos siendo bombardeados por información acerca de las variantes del virus Sars-CoV-2 reportadas alrededor del mundo, principalmente las provenientes de Reino Unido, Suráfrica y Brasil. Oficialmente los biólogos moleculares las denominan “linajes” y esto implica que hay cambios en las secuencias del genoma del virus, los cuales circulan predominantemente en ciertos países y, en un momento dado, podrían ayudar a entender características de la epidemiologia de la infección y la enfermedad. Los agentes infecciosos pueden a clasificarse de varias formas; por ejemplo, los serotipos, que implican el uso de sueros específicos para identificarlos. Algunos microrganismos como el virus del sarampión tienen un solo serotipo. Esta condición, en parte, explica la eficiencia de la vacuna contra esta enfermedad, la cual se aplica solo una vez durante la infancia.

Por otro lado, tenemos virus o bacterias con múltiples serotipos, como el virus de la influenza. Es por esta razón que nos tenemos que vacunar con cierta frecuencia contra las variantes que existen de este virus, a la vez que estas se van generando.  Otra forma de clasificar los microorganismos es a través de la secuencia de ácidos nucleicos, o su genoma. En el caso del virus productor de covid-19, el cual es un virus de ácidos ribonucleico o ARN, se han reportado en tiempo récord más de 400,000 secuencias. Este número de secuencias permite la comparación de los virus obtenidos en distantes partes del mundo para conocer sus diferencias no solo en su secuencia, dada por mutaciones, sino que permitiría entender su transmisión y también la respuesta inmune inducida en los individuos infectados.

Pero, ¿por qué son importantes estas diferencias en los virus?  Las variaciones en los virus se presentan normalmente dada su rápida reproducción, pero se comenten errores en su replicación, y esto permite el cambio los nucleótidos que componen el material genético.  Las variaciones en el genoma pueden repercutir en cambios en la secuencia de una proteína, siendo estos cambios tan mínimos como la variación de un aminoácido dentro de una proteína completa. Estas modificaciones pueden variar la estructura y, por ende, alterar la función de una proteína del virus.

La proteína S del virus Sars-CoV-2 (del inglés Spike) es la que le permite unirse al receptor en las células humanas y, por lo mismo, es el principal blanco de vacunas que se aplican actualmente. Contra esta proteína se producen los anticuerpos que bloquean la unión del virus al receptor celular y su posterior entrada, conocidos como anticuerpos neutralizantes.  Si estas variaciones afectan partes de la proteína S, se puede alterar su funcionamiento, por ejemplo, al mejorar la unión al receptor o no ser reconocida por los anticuerpos producidos, sea de forma natural por la infección o por medio de la vacunación.

No todas las mutaciones favorecen al virus, algunas pueden ser perjudiciales para este y reducir algunas de sus características, como el contagio y agresividad. En tal caso, si las variaciones dentro de un virus se acumulan, cambiando partes de una proteína, ni los anticuerpos inducidos por la infección natural, ni los anticuerpos generados después de vacunación podrían proteger contra una infección y la subsecuente enfermedad al ser infectados con nuevos linajes de virus Sars-CoV-2. Esperemos que no sea así. Mientras tanto, la vigilancia genómica e inmunológica nos darán algunas respuestas a estas inquietudes. Por ahora, algunos estudios recientes indican que individuos vacunados producen anticuerpos que pueden neutralizar algunas de las variantes del virus in vitro, es decir bajo condiciones controladas de laboratorio. 

jueves, 28 de enero de 2021

La vacuna y el dilema de vacunarse

 Publicado en El Espectador 18-01-2021

Actualmente, los estudios de seguridad y efectividad de una vacuna se realizan a través de pruebas preclínicas y clínicas que deben asegurar la inocuidad, seguridad y capacidad de inducir inmunidad.

https://www.elespectador.com/noticias/salud/la-vacuna-y-el-dilema-de-vacunarse/

Vacunarse contra una enfermedad infecciosa debe ser una opción. Pero algo diferente es ser activamente anti-vacunas; sobre todo sin argumentos sólidos y menos científicos. Dada la forma como se producen algunas vacunas, estas son consideradas medicamentos biológicos, y como medicamentos tienen efectos adversos y efectos secundarios. Los efectos adversos pueden ser producidos o no por la vacuna como, por ejemplo, las reacciones alérgicas; mientras que los efectos secundarios son producidos por la vacuna en sí. Ya que los componentes de las vacunas son derivados de microrganismos o son parte de estos (producidos de forma sintética o recombinante), los efectos secundarios no graves posterior a la vacunación son comunes y usualmente son reacciones locales en el sitio de inyección, presentar fiebre o dolor de cabeza, entre otros. No obstante, la respuesta individual frente a una vacuna podría producir efectos más marcados, pero afortunadamente son muy poco frecuentes, algo demostrado por millones de personas que han sido inmunizados en todo el mundo durante décadas. 

 

En una vacuna, el producto microbiano (antígeno) no es el único incluido, paralelamente se escoge el vehículo de entrega de la vacuna, además de moléculas que la protegen y mejoran su efectividad, conocidos como adyuvantes (del latín “ayudar”). Actualmente los estudios de seguridad y efectividad de una vacuna se realizan a través de pruebas preclínicas y clínicas que deben asegurar la inocuidad, seguridad y capacidad de inducir inmunidad, además de proteger los individuos frente a una infección con al agente microbiano para el cual se produjo. Los estudios preclínicos son hechos in vitro como en cultivos celulares y modelos animales, mientras que en los estudios clínicos se realiza en voluntarios humanos con productos altamente purificados. Aunque en promedio una vacuna puede tardar 10 años en su desarrollo, el avance de la ciencia ha permitido acortar ese tiempo, como en el caso de la vacuna contra el virus influenza que se produce anualmente contra las variantes más comunes que circularon el año previo. Por esa misma razón ya se tienen modelos que han permitido acelerar y tener en menor tiempo la producción de vacunas como ocurre contra el virus del Ebola y el SARS-CoV-2. 

 

Entonces ¿Cómo es posible tener una vacuna para Covid-19 en uno años, mientras que no se tienen vacunas contra el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), que lleva más de 40 años descrito, o contra el cáncer? Con respecto a la vacuna contra el VIH, se han hecho múltiples esfuerzos en su estudio y muchos candidatos a vacuna han sido ensayados, pero los resultados han sido poco satisfactorios; sin embargo, se tiene un candidato a vacuna que entra a la fase final o fase 3 durante el 2021.  No existen vacunas para todos los agentes infecciones y no todos inducen protección estable mediante la infección natural, por lo tanto, solo existen vacunas contra infecciones para los cuales se ha demostrado inmunidad sólida y protectora. Actualmente no se puede definir claramente qué es protección inmune en VIH. Para el cáncer si existen dos vacunas aprobadas en el mundo: una vacuna contra tumores sólidos como el cáncer de próstata, pero solo en estados avanzados; y la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) que previene el cáncer de útero. Pero no existe una vacuna genérica para el cáncer; ¿La razón? una célula cancerígena se deriva de un tejido, y existen tantos tipos de cáncer como tejidos en el humano, es más, existen diferentes tipos de cáncer dentro de un mismo tejido.

 

Lo cierto y contundente es que la vacunación ha protegido a la humanidad de enfermedades que producen alta mortalidad como la viruela o afectaciones graves como la parálisis muscular producida por la poliomielitis, inmunizaciones que no solo previenen la enfermedad, sino las complicaciones de estas. Una vacuna no solamente tiene la intención de evitar la infección, también la severidad, las complicaciones de la enfermedad o fallecimiento de los individuos inmunizados. Es por lo tanto un paso muy importante antes del inicio del  proyectado Plan Nacional de Vacunación  para Covid-19 es la información y educación a la comunidad . La mala información y las opiniones no autorizadas ya afectan la que sería el proceso de vacunación en Colombia contra Covid-19. Cifras alarmantes del DANE indican que cerca de un 50% de la población colombiana no tiene interés de vacunarse. La inmunización es un paso importante en disminuir la afectación por la enfermedad y su posible control, pero la no vacunación masiva pone en peligro este objetivo, tal como han sido para otras enfermedades como sarampión, difteria y poliomielitis que ya deberían estar controladas o erradicadas de la faz de la tierra.