sábado, 20 de diciembre de 2014

The Dutch Sailor


In 2006, as soon as I knew he was still coming to the university campus, I could not resist to contact him. He was an extremely private person, and usually he did not receive many visitors, but my invitation to participate in the course of Medical Parasitology at the School of Medicine (Andes University, Bogotá-Colombia), allowed me to approach him.  Once his office, he gently offered me a bench that he kept under the desk. It began the journey, many countries that I will never visit and countless stories.  He never let me to record or to take notes. So after a conversation, I rushed to my office trying to remember as many details as possible: kidnapped by guerrilla, trapped by the high tide inside a cave in Bahia Solano (Colombia Pacific coast) while he was bitten on the face by bats, sentenced to death in north Africa for carrying turtles with sacred sand, among other; besides the myth generated around him to self-inoculate microorganisms to serve as transportation media.



He told me about the Tyrolean origin of his paternal family with sailors, painters and doctors, whose last name is related to the Praying Mantis in the Austro-Bavarian language. His paternal grandfather, from which he inherited the same name, fought in the World War I and died of malaria in a trip to Indonesia. The body buried in Onrust Island (Palau). He found the grave because it had a stone with the initials “CJM”. He kept the stone and later gave it to his father. I also knew about his maternal grandmother, a descendant of the 17th century French Gypsy Queen. He saw his father every 7 or 8 years, a businessman who traveled to his bauxite mines in Bosnia at the mercy of wolves’ attacks, that carried margarine for the first time to the United States or that opened an import business at Wall Street. His mother of French origin, but born in the Netherlands, a dentist with whom migrated to Java when he was 9 years old.



Born in Vienna, he had a double citizenship: Austrian and Dutch. Soon after the World War II, he declined the former one. He was a volunteer in the military campaign to expel the Japanese from Indonesia. However, a bullet injury in his left calf, from which he completely recovered, allowed him to have a Dutch Crown indulgence to withdraw from the army.  He returned to the Netherlands at age of 18 to begin the medical training. Among Antwerp, Batavia, Brussels, London and Utrecht earned undergraduate degrees in medicine and biology; specializations in parasitology, medical entomology, tropical medicine, health policies and medical mycology; a master's degree in applied parasitology and a doctorate in biology.

His first approach to Colombia was at the University of London because his professor PCC Garnham had contact with the Colombian virologist Carlos Sanmartín Barberi However, after an offer of his professor to work in Sierra Leone, he finally decided to travel to Latin America. He first arrived to El Salvador in 1962, and then he was recommended by doctor Pablo Barreto to work in entomology at the Universidad del Valle in Cali. From Colombia he heard that it was a dangerous a place, so he used two strategies to ward off curious and thieves from his home at Parque del Perro (Dog Park): a notice on the door indicating that exotic and poisonous animals were bought; and to walk along the park with a snake around the neck. His arrival to the Andes University in Bogota was partly due to the invitation of Hernando Groot Liévano MD, who mentioned him about the opening of a new medical school, for this purpose since 1957, the university created the pre-medical courses.

More than four decades of continuous work to gather his collection of bats and birds' eggs; for his studies on trypanosomiasis, leishmaniasis and toxoplasmosis, and descriptions of new species of birds, snakes, bats, fungi and parasites. He created a research center in tropical medicine where he trained several generations of alumni including his appreciated students and friends Nhora Rodriguez Sanchez, Max Grol, Marco Fidel Suarez and Felipe Guhl.

At his 80 years old, still tall with gray hair and tanned white skin, I remember him entering for the first time to lecture at the Medical Parasitology course. It was a special occasion for him, so much that he dressed up with navy blue blazer and a dark blue tie with small drawings resembling insects. He told me to detail the designs that were mosquitos: “Look well, the wings are spread”; which is typical of the Lutzomya, the mosquito who transmit leishmaniasis. Well, there he was, with his heavily accented Spanish, spreading his knowledge and personal experience in tropical medicine; 43 years later for which he was initially contacted.

Now you will guess whom they are honoring when you read about or watch an image of Tremajoannes genus (turtle) or a mosquito, frog, bat or parasite from marinkellei specie, Cornelis Johannes Marinkelle Vienna, July 1925 - Bogota, January 2012.

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miércoles, 10 de diciembre de 2014

Docencia y el sexo de los papayos


En Colombia ser docente universitario podría estar dentro de las profesiones menos apreciadas. Algunos estudiantes de ciertas áreas, ya punto a de graduarse, se refieren a la labor docente como “el escampadero”; mientras consiguen un puesto estable buscan dar clases en algún establecimiento de “enseñanza superior”. Para otros, los docentes son personas que no fueron exitosas en las respectivas carreras y encontraron en ella el único camino laboral. Ambos casos son situaciones reales surgidas de diálogos adentro de la comunidad universitaria. Pero más allá del ser o devenir del docente, uno de las grandes dificultades es la vía y forma de trasmisión del conocimiento, de lo aprendido o adquirido mediante la práctica. Al parecer, y según los expertos en educación,  la enseñanza “no ha cambiado mucho desde hace varios siglos”. La hipótesis entonces es que si se trajeran mágicamente al siglo XXI desde la Época Medieval algunas de las profesiones existentes, probablemente la única que podría ejercer sin mayor tropiezo sería un docente. Obviamente si nos referimos al tradicional método TLT (Tiza-Lengua-Tablero), el trasportado podría ejercer sin mayores tropiezos, no obstante tendría grandes dificultades para adaptarse a los medios tecnológicos actuales. Si bien las formas tradicionales de enseñanza se apoyan en los avances de la educación y de medios electrónicos, es claro que Andreas Vesalius enseñaría anatomía hoy tal como lo hizo en Padua en el siglo XVI; sin embargo, en áreas relacionados con la biología  o la función celular, continuamos con métodos de enseñanza planos, adinámicos y atemporales, en lugar de estructuras tridimensionales y funcionales. Evocó un ejemplo del libro Educación y Democracia de Estanislao Zuleta, donde un profesor de biología pinta un círculo en el tablero con otro círculo más  pequeño adentro y dice que es la célula con su núcleo. El círculo externo  representa la membrana celular, y así sería la forma como un escolar la recordaría. Dice entonces Zuleta que se debería explicar la membrana celular usando como ejemplo la piel, ésta nos separa del medio ambiente, nos protege y nos ayuda al intercambio.

Se me antoja entonces,  ilustrar el triangulo de la docencia (emisor-mensaje-receptor) con el cultivo de la papaya, para lo cual simplemente arrojamos la semilla de la planta en la tierra, posterior al devorar los cuadritos de pulpa durante el desayuno, sin conocer acerca del sexo de los papayos. Tal cual, existen papayos hembras y papayos machos,  obviamente  indagando, aprendí que existen los papayos hermafroditas. La función del papayo macho es polinizar el papayo hembra para que de frutos. El fruto del papayo hembra crece y madura grande, generoso; obviamente, en condiciones ambientales adecuadas, mientras que el fruto del papayo macho es infértil o  produce una fruta pequeña y verde, la cual  sino se desprende de la planta  probablemente se absorba. Al final, sin intervención humana, el destino de ambos frutos sería caer al suelo,  pero con algunas diferencias. El fruto grande generaría un estruendo al caer, se revienta y liberará jugo, pulpa y semillas. Este material orgánico ya en el suelo permite crecer hongos ambientales, bacterias benéficas, nutrirá la tierra con su material, además alimentará múltiples insectos, aves y pequeños mamíferos. De forma opuesta, si el fruto del papayo macho ocasionalmente cae, no causa estruendo, se seca y no repartirá gentilmente su contenido orgánico.

El polen es entonces el mensaje entre estas plantas, se produce un material fecundo de buena calidad para que emprenda la jornada; por lo tanto, haciendo el símil, debe existir una cierta cercanía espacial (una salón real o virtual), tener  ambientes adecuados (bibliotecas, talleres, salas digitales y simuladores), sin  grandes obstáculos materiales o  invisibles (se me antoja ondas electromagnéticas),  y obviamente un receptor preparado con la suficiente madurez. De esta forma el fruto producido podrá ser mucho mejor aprovechado por el ambiente donde se  genere.

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martes, 25 de noviembre de 2014

El navegante holandés


Desde que llegué a trabajar a la universidad en el año 2006, y al saber que todavía él seguía viniendo al campus, no resistí la tentación de acércame y conversarle. Era una persona supremamente reservada, usualmente no recibía muchas visitas, pero mi invitación a participar en el curso de Parasitología para la Facultad de Medicina me permitió un primer acercamiento. Al  llegar a su oficina, gentilmente arrimaba la butaca que guardaba debajo del escritorio. Una vez sentado empezaba el viaje; muchos países  que nunca podré conocer y una infinita cantidad de historias.  Jamás me dejó grabarlo ni me permitía tomar notas. Por eso, al terminar la visita, salía rápidamente a escribir y tratar de recordar la mayor cantidad de detalles posibles: secuestrado por la guerrilla, atrapado por la marea en una cueva en Bahía Solano mientras era mordido en la cara por los murciélagos, condenado a muerte en el norte de África por llevar arena sagrada en unas tortugas, entre otras historias; además del mito generado a su alrededor de auto-inocularse microorganismos para servirles de medio de cultivo y transporte.

Supe del origen tirolés de su familia paterna de marineros, pintores y médicos, además que el apellido se relaciona con la Mantis religiosa en el idioma austro-bávaro.  De su abuelo paterno, del cual heredó el mismo nombre, comentaba que fue marinero, peleó en la Primera Guerra Mundial, y  murió a causa de la malaria en uno de sus viajes a Indonesia.  El cuerpo de su abuelo fue enterrado en la isla de Onrust (Palao) donde él fue y buscó su tumba. La identificó ya que tenía una piedra con las iniciales del nombre (CJM). La guardó y se la dio posteriormente como regaló a su padre. Oí  también sobre su abuela materna, descendiente de la Reina Zíngara  francesa del siglo XVII.  Me contó de su padre que veía cada 7 u 8 años debido a su ocupación; viajaba a visitar las minas de bauxita en Bosnia  a merced de los ataques de los lobos; en barco llevando la margarina por primera vez a los Estados Unidos, abriendo un negocio de importación en Wall Street. De su madre de origen francés, pero nacida en Holanda, odontóloga de profesión con la cual migró a Java cuando tenia 9 años.

Nació en Viena y contó con la doble nacionalidad, austriaca y holandesa, pero al estallar la Segunda Guerra Mundial abandonó la primera. Fue voluntario en la campaña militar  con el fin de expulsar los japoneses de Indonesia. Sin embargo, una lesión por proyectil en el gemelo izquierdo, de la cual se recuperó completamente, le permitió tener una dispensa de la Corona Holandesa para darse de baja del ejército y  regresar a Holanda a los 18 años e iniciar sus estudios de medicina. Entre Amberes, Batavia, Bruselas, Londres y Utrecht obtuvo títulos de pregrado en medicina y biología;  especializaciones en parasitología, entomología médica, medicina tropical, legislación sanitaria y micología clínica médica; una maestría en parasitología aplicada y un doctorado en biología.

Su primera aproximación a  Colombia fue en la Universidad de Londres  gracias a que  su profesor PCC Garnham tenía contacto con el virólogo colombiano Carlos Sanmartín Barberi. No obstante, ante un ofrecimiento de su profesor para trabajar en Sierra Leona, se decidió finalmente por América. Llegó primero a El Salvador en 1962 y posteriormente fue recomendado por el doctor Pablo Barreto para trabajar en entomología en la Universidad del Valle en Cali. De Colombia le habían mencionado que era un lugar peligroso por lo que usó dos estrategias  para ahuyentar curiosos y ladrones de su casa en el Parque del Perro: un aviso en la puerta de su casa donde indicaba que se compraban animales exóticos y venenosos; y pasearse por el parque camino a la tienda con una serpiente en su cuello.  Su llegada a Bogotá a la Universidad de los Andes se debe en parte la invitación del doctor Hernando Groot Liévano, quien le mencionó acerca de la apertura de una Facultad de Medicina para lo cual, desde  1957, se habían iniciado los cursos pre-médicos.

Fueron más de cuatro décadas de trabajo continuo para ir acopiando su colección de murciélagos y de huevos de pájaros; para sus estudios en tripanosomiasis, leishmaniosis y toxoplasmosis, y para la descripción de nuevos especies de pájaros, serpientes, murciélagos, hongos y parásitos. Fundó un centro de investigación en medicina tropical donde formó varias generaciones entre ellos sus entrañables alumnos Nhora Rodríguez de Sánchez, Max Gröl, Marco Fidel Suárez y Felipe Guhl.

Ya  con sus 80 años, aun alto, canoso y de tez blanca bronceada, lo recuerdo entrando a dar clase por primera vez a los estudiantes de medicina. Me dijo que para él era una ocasión especial, tanto así que llegó con un blazer azul marino y una corbata azul oscura con pequeños dibujos blancos semejantes a insectos. Me dijo que detallara el diseño y que viera cómo el mosquito  de su corbata tenía las alas paradas, lo cual  era típico de la Lutzomya, el agente transmisor de la leishmaniosis.  Bueno, allí estaba, con su español con marcado acento,  trasmitiendo su conocimiento y experiencia personal en medicina tropical, 43 años mas tarde para lo que había sido  contactado.  

Ya podrán saber a quien estarán homenajeando cuando se encuentre leyendo o viendo una imagen del genero Tremajoannes (tortuga) o algún  mosquito, rana, murciélago  o parásito de la especie marinkellei, a Cornelis Johannes Marinkelle  Viena, julio de 1925 – Bogotá, enero de 2012.






Nota. Si quiere conocer mas sobre su  legado, los invito a leer  o visitar los siguientes enlaces:


IN MEMORIAM. Felipe Guhl
CJ MARINKELLE Facebook 
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sábado, 22 de noviembre de 2014

Parásitos, siempre a tu lado


Dentro de los microorganismos que causan enfermedades en humanos, los agente parasitarios son considerados los dinosaurios en vía de extinción. No solamente por su tamaño,  que va desde estructuras unicelulares microscópicas hasta parásitos de 30 cms de largo, al igual  porque son enfermedades asociadas a aspectos socioeconómicos como mala higiene, desnutrición y en general pobreza.  Inclusive  dentro de la lista de enfermedades clasificadas  como olvidadas (neglected diseases, en inglés),  la mayoría de estas son causadas por agentes parasitarios, obviamente con mayor impacto en el cinturón tropical del mundo. El origen de la palabra pará-sito esta asociada a “algo  que se encuentra al lado”, pero desde el punto de vista biológico es algo  que vive dentro o fuera de otro organismo u hospedero utilizándolo para sobrevivir y replicarse.

Evolutivamente los parásitos han existido más tiempo sobre el planeta que los humanos, manteniendo sus ciclos de vida salvaje trasmitiéndose entre  mamíferos, algunos con la ayuda de insectos vectores. La agricultura y las migraciones garantizaron el contacto de los humanos con los parásitos los cuales se  adaptaron a su nuevo hospedero. Algunos parásitos son considerados “adolescentes” porque causan enfermedades severas o muerte;  de otro lado están aquellos parásitos que han negociado su estadía con el hospedero y producen enfermedades que no comprometen la integridad de éste. Sin importar la severidad de la enfermedad que ocasionen, los parásitos son los agentes causantes de enfermedades de gran impacto en la salud mundial como la malaria.

Aunque hay tratamientos anti-parasitarios, algunos de estos son de uso milenario como la quinina y la artemisia para la malaria, y para algunos  de estos se desconoce exactamente sus mecanismos de acción. Igualmente, existe poca pero creciente investigación sobre nuevos tratamientos. Sin embargo, el uso indiscriminado de anti-parasitario ha llevado a la aparición de la resistencia  a dichos medicamentos.

La resistencia a medicamento, el incremento de la temperatura global, el aumento de la velocidad de desplazamiento de zonas endémicas a zonas no endémicas, la invasión humana permanente o temporal (turismo) a zonas apartadas de la tierra y el tráfico de animales exóticos, entre otros garantiza el contacto de los parásitos con los humanos. No solamente estos aspectos mencionados participan en el mantenimiento de éstos; en Colombia algunos agentes parasitarios se han acercado más a las poblaciones humanas, ejemplo de esto es la presencia de la malaria peri-urbana y la leishmaniosis cutánea urbana que se trasmite en pueblos del Tolima e inclusive en ciudades como Bucaramanga. De este forma estos agentes infecciosos están literalmente buscando nuevas estrategias de supervivencia para  quedarse permanentemente a nuestro lado.

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