lunes, 13 de julio de 2015

Formación médica y el miedo al cambio

Lo mío fue  una lengüeta de fuego que bajó del cielo. No se por qué razón en segundo año del pregrado en medicina supe mágicamente que quería ser inmunólogo; esencialmente porque no tenía referente, no conocía un laboratorio,  no teníamos acceso a internet para actualizarnos en el mundo científico y  no había guía espiritual para dichas lides.  Al ser aceptado en una escuela de medicina, los regalos familiares que incluían el fonendoscopio, el equipo para examinar los órganos de los sentidos y el beeper,  ayudaban a configurar definitivamente la futura carrera medica clínica o quirúrgica. Nunca había oído de los médicos que hacían doctorado, todo lo que conocíamos era las especializaciones médicas. No obstante, un decano(1) que se sentaba con nosotros en la cafetería hablaba de cómo al entrar a medicina todos marchábamos al ritmo de un tambor, nadie quería perder el paso o salirse de la vereda trazada. En décimo semestre decidí que quería hacer el año de internado en dos partes: las rotaciones básicas hospitalarias (urgencias, medicina interna, pediatría, cirugía y especialización quirúrgicas) y una rotación en investigación. Había escrito cartas solicitando cupo en centros de investigación colombianos, finalmente me llegó  una respuesta de Cali(2).  Envié entonces  la solicitud al Consejo de Facultad para la autorización de dicha rotación, pero fueron reacios en permitirlo. Hace  24 años era casi una herejía no hacer todas las rotaciones requeridas.  El apoyo llegó de un segundo decano(3), una persona que me influenció desde sus clases en el cuarto semestre y con el cual tuve muchas conversaciones extra-curriculares sobre la vida. Finalmente me permitieron realizar mi anhelado iniciación  al mundo de la investigación biomédica.

Llegué a un laboratorio por primera vez en mi vida, no conocía nada acerca de su funcionamiento. Al principio alguien se reía amablemente por las preguntas tan básicas que hacia, desde la preparación de una solución hasta cómo usar una pipeta, entre muchas otras cosas. Era tanta mi confusión que le pregunté a mi amiga profesora(4) de bioquímica, si los médicos podíamos hacer un doctorado. Finalmente, terminé haciendo el año social obligatorio en dicha institución, entre tubos, primates y parásitos; para luego entrar en un programa de doctorado.

Durante mi pregrado se llevó a cabo una revisión curricular de la carrera de medicina. Luego del trabajo realizado por estudiantes, profesores, egresados y consultores, se llegó a la conclusión que no se necesitaba ningún cambio. La tendencia actual nos demuestra lo contrario, más y más universidades colombiana están cambiando sus currículos en medicina, permitiendo que sus estudiantes entren en contacto con todas las áreas posibles, que van desde la administración en salud hasta la investigación clínica y básica; pero aun así, estamos cortos conservando esquemas de formación muy rígidos.

La introducción de la novedad en el pensamiento y la ampliación de la base  de la profesión médica se ve reflejada en un nuevo programa de medicina de tres años implementado por la Universidad de Tulane. En Estados Unidos medicina es un posgrado de cuatro años, al cual se tiene acceso con un grado universitario o bachelor.  Lo nuevo de este programa no es solo la reducción del tiempo, es que está dirigido a personas con doctorados (PhD). Obviamente es fácil de entender que si alguien tiene un doctorado en biología, psicología o física, la transición a medicina es cuasi natural. Pero no, es  un programa abierto a cualquier doctorado. ¡En serio, pregunte! ¿Y si llega alguien con un PhD en música y en filosofía lo reciben?; la respuesta fue un contundente ¡Sí! Si un candidato califica, los cursos iniciales son dirigidos. Obviamente, nada más refrescante que una nueva generación con otra visión e ideas para que ayuden en la educación médica. Pese a todo, aunque algo ha cambiado, la formación sigue siendo basada en las propuestas hechas desde  1910 por el educador Abraham Flexner.

Referencias. Nunca es tarde para rendir homenaje aquellas personas que influencian la carrera y acá  hay algunas numeradas en el texto:
(1) Dr. Oscar Gómez Ceballos, Universidad de Caldas, Manizales.
(2) Dr. Sócrates Herrera Valencia, Instituto de Inmunología del Valle, Cali.
(3) Dr. Tulio Marulanda Mejía, Universidad de Caldas, Manizales. In memoria.
(4) Dra. Cecilia Aguilar de Plata, Universidad del Valle, Cali.

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