miércoles, 29 de julio de 2015

Ubícate

La propiocepción, o el sentido de lo propio, se podrían definir como la percepción física corporal. El sistema propioceptivo es parte del sistema nervioso, el cual a través de receptores localizados en diferentes órganos y sistemas como el muscular, el articular y el auditivo, nos permite determinar la posición relativa de nuestro cuerpo en el espacio. Entre muchas otras cosas en las que participa, también permite determinar la relación entre los elementos del cuerpo, el equilibrio, la coordinación de los movimientos corporales, su amplitud y la limitación de dichos movimientos. Obviamente, la propiocepción en conjunto con los sentidos externos permite una interacción muy fina y coordinada con el entorno. Para conocer que tan importante es este sensor del cuerpo, se tiene como ejemplo un trastorno de la propiocepción denominado el síndrome de miembro fantasma. Una persona a la cual se la ha realizado una amputación en alguna de sus extremidades o inclusive un dedo, por dicho síndrome la propiocepción continúa enviado mensajes cerebrales indicando que la extremidad aún está pegado al cuerpo. De tal forma que la persona continua sintiendo dolor, molestias o piquiña en la extremidad ausente. Lo contrario también se ha descrito; esto es personas que no reconocen  su extremidad y creen que no les pertenece, además les estorba; tanto así que en casos extremos genera una ansiedad tan marcada que la única forma de controlarla es auto-mutilándose.

¿Estamos perdiendo la propiocepción? ¿Es una un proceso universal o local? Esto se puede describir a través de algunos casos cotidianos.

Caso 1. La nube trico-cegadora. En la cola de la caja del supermercado se presentan varias alteraciones de la propiocepción. Entre ellas están el apilamiento de las personas o el acercamiento del carrito o canasta  del mercado al cuerpo de los demás. Sin embargo,  la más molesta esta asociada a la señora de pelo largo que se cree filmando un comercial  de champú,  y súbitamente le zampa la melena en la cara del vecino.

Caso 2.  “La lleva” en el ascensor.  El morral cargado, usualmente  desproporcionado para el tamaño de la persona,  nunca es bajado de la espalda por el portador. El morralero no incorpora el objeto como tal  y no lo relaciona con su entorno. De esta forma entra empujando a todo el mundo y  reduciendo la capacidad del ascensor en un 50%.

Y si tienes alterada la propiocepción o no la tienes, pues usa  tus sentidos (visual, auditivo y tacto) para que te relaciones en el espacio. Mejor dicho ¡Ubícate¡


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