viernes, 2 de octubre de 2015

Delicatessen corporae

Para muchos es conocida la frase “Eres lo que comes”; y aunque suena a comercial trillado de productos adelgazantes, las ciencias biológicas y de la salud están demostrando cada vez más que es muy real tal afirmación. La alimentación no solamente debe ser vista como la fuente de nutrientes y de energía que sirve para el mantenimiento de las células y las funciones de los órganos, también como un controlador central de la homeostasis corporal o simplemente el dicótomo salud-enfermedad.

Durante nuestra vida fetal, mientras estamos calienticos y acolchonados en el vientre materno, nos alimentamos  a través cordón umbilical y, posteriormente, solo necesitamos abrir la boca para saborear el líquido amniótico. Ambos ambientes estériles, es decir que no contienen microorganismos como bacterias ni hongos. Meses después somos abruptamente lanzados al medio externo donde entramos en contacto con agentes microbianos de los que no producen y si producen enfermedades, ósea los patógenos. Los microorganismos nos colonizan desde que pasamos por el canal de parto, cubriendo los ojos, la piel, la boca y luego todo el sistema digestivo.  En unas poca horas somos presas de un ataque microbiológico jamás visto. Esta microbiota parece ser una huella  que llevaremos por el resto de la vida, la cual podría ser modificada por factores ambientales como la alimentación. Estudios realizados en ratones, que albergan un solo tipo de bacteria intestinal, indican que la dieta es fundamental en el mantenimiento o eliminación de éstas. Las bacterias intestinales son abundantes y fundamentales en el sistema digestivo donde interactúan directamente con la comida, ayudan al procesamiento de los nutrientes y al control de la población de otros microorganismos que pueden producir enfermedades. Pero esto no es todo, los productos bacterianos interactúan con las células de la mucosa intestinal, permitiendo un estimulo permanente para que se produzcan mecanismos de defensa local y de esta forma mantener dichos microorganismos en la luz intestinal, fenómeno que se conoce como mantenimiento del tono inmune. De ahí se hace clara la importancia de las bacterias en la inducción de inmunidad mucosa y cutánea, además permite ayudar a entender cómo el consumo de antimicrobianos (antibióticos o anti-parasitarios) pueden afectar dicho equilibrio. Las alteraciones de la microbiota puede generar enfermedades inflamatorias locales (gástrica, intestinal o de colón) e inclusive  enfermedades sistémicas inflamatoria o autoinmunes. Infortunadamente se sabe muy  poco de la alimentación y su influencia en la inmunidad, especialmente en la niñez.

¿Estamos todos los seres humanos preparados para comer lo mismo? La alimentación humana esta globalizada, siete mil millones de humanos deben ser alimentados diariamente; todos de diferente origen racial, genético, con hábitos de vida diferente y por lo tanto con su propia microbiota. Obviamente debemos consumir productos que se cultiven masivamente  y se cosechen de forma rápida: azúcar (caña de azúcar) arroz, maíz, trigo, soya y papas1; sumándole los productos derivados de animales como los lácteos y cárnicos. Actualmente tenemos estos mismos productos, pero transformados de forma genética; mediante biotecnología se introducen genes de otras especies (ej. animales o bacterianas) para asegurar el control de plagas, una producción mas rápida y abundante. Por supuesto bajando costos y aumentando la productividad ¿Se sabe a largo plazo cuál es el impacto de esos alimentos transgénicos en la salud de la población humana y animal?

Desde hace unos años y gracias a  algunos trastornos digestivos, tan comunes en la vida contemporánea, comencé una dieta empírica estricta la cual basé en mi respuesta corporal a los diferentes grupos de alimentos. Prácticamente paré de comer mezclas y  empecé a registrar el consumo diario para determinar qué me hacía bien o qué me caía mal; igual, con un poco de ayuda de la medicina Ayurveda en  donde la alimentación cumple un papel central. Después de años de usar el método más antiguo de investigación “ensayo y el error”, pude segregar de mi dieta aquellos grupos de alimentos que me producían malestar, por lo que hoy puedo dar testimonio de mi mejoría ¿Volvería a mi microbiota intestinal de mi estado normal? Esta aproximación empírica fue corroborada cuando conocí la tendencia de los “Paleos2 o personas que se alimentan como lo hacia los humanos en el periodo paleolítico (hasta hace  unos 10.000 años). La dieta incluye el consumo de carne, imagino que no había antibióticos ni hormonas, nueces y frutos rojos; se excluyen productos lácteos. Los defensores argumentan que los humanos evolucionamos con los productos disponibles en su momento y que tenemos dificultad para adaptarnos rápidamente a los cambios alimentarios incluyendo agricultura masiva, altas cargas calóricas y aditivos, etc. ¿Estará el consumo actual de alimentos asociado con el perfil epidemiológico de las enfermedades en los humanos?

No soy experto en este tema, pero si soy perito en lo que le favorece a mi cuerpo. Por ende seguiré consumiendo alimentos simples y frescos, recién preparados, en lo posible sin preservativos ni aditivos y  comprando los productos de campesinos que cultivan con técnicas eco-amigables3.

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Referencias
1. Food and Agriculture Organization (FAO). www.fao.org/home/es/

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